Estos japoneses ataviados como aficionados de Nigeria y Suecia.

Fútbol de cine en el Mundial

Los orientales han copiado hasta la samba Carlos ToroEl Mundo ESPAÑA.- Gran parte del esfuerzo organizativo de este Mundial está recayendo en la acumulación entusiasta de, hablando en términos cinematográficos, extras. Ya saben: esa colección más o menos numerosa de lugareños ataviados de soldados romanos, de vaqueros, de indios, de siervos de la gleba o, […]

  • Los orientales han copiado
    hasta la samba

Carlos ToroEl Mundo

ESPAÑA.- Gran parte del esfuerzo organizativo de este Mundial está recayendo en la acumulación entusiasta de, hablando en términos cinematográficos, extras.

Ya saben: esa colección más o menos numerosa de lugareños ataviados de soldados romanos, de vaqueros, de indios, de siervos de la gleba o, simplemente, de sí mismos, que por una remuneración diaria y unos bocatas a cargo de la productora hacen bulto en los rodajes.

En el Mundial, los coreanos y los japoneses hacen bulto en los partidos. En ese sentido, estamos viendo un fútbol de cine.

La auténtica acción se halla en el terreno de juego. El resto son decorados. El fútbol es de verdad, con sus victorias, derrotas, goles, tarjetas, etcétera. Pero la mayor parte del público es de “mentirillas”, hinchas alquilados vestidos de atrezzo. Nos dimos en el acto cuenta de ello cuando cada selección era recibida con desbordante entusiasmo por una colección de lugareños (y lugareñas, como dirían Méndez, Fidalgo, Ibarretxe, Caldera, Álvarez del Manzano y demás enemigos acérrimos del masculino genérico, que no han desdeñado Cervantes ni Vargas Llosa, pero ellos sí).

Lugareños, decíamos, equipados casualmente con las camisetas apropiadas y armados con pancartas escritas en correcto francés, inglés, turco o árabe.

Demasiado correcto, por otra parte. Ninguna de las pancartas que se ven en los campos españoles está tan impecablemente redactada, con sus comas, sus tildes y sus signos de admiración. Se diría que ese 42 por ciento de españoles que nunca leen un libro son los que pueblan nuestros estadios; o, al menos, los que escriben las pancartas. Aquí se leería “Animo España”. Bueno, pues en Corea hemos leído “¡Animo, España!” y otros letreros similares de un academicismo irreal.

Cuando vimos eso nos dimos cuenta de que aquello no era natural, de que era cine. O sea, una imitación artística de la realidad. Lo tomamos por cortesía oriental. Y lo era, pero también un truco de la organización.

Los estadios parecen llenos y desbordantes de ardor patriótico. Pero cuando las cámaras enfocan a la grada contemplamos a tres brasileños y a 300 coreanos vestidos de brasileños. Los orientales son los reyes de la copia. Lo mismo te hacen una reproducción perfecta y mejorada de un transistor que de una escuela de samba.  

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