Héroes ultrajados

Joaquín Absalón Pastora*

Dos personajes de nuestra historia —Bolívar y Sandino— siguen siendo ultrajados por aprovechados del presente que ni remotamente se aproximan a los ideales de las dos víctimas cuyos huesos no han merecido el destino del reposo.

De Bolívar se apoderó la bastardía política de un golpista, sobreviviente de la misma receta que él aplicó al segundo período de Carlos Andrés Pérez, y quien ahora proclama una inexistente y antojadiza “Revolución Bolivariana”.

La otra víctima es un idealista nicaragüense cuya meta fue siempre —y por eso lo asesinaron— la vigencia y defensa de la soberanía nacional.

Un grupo de “guerrilleros” asaltó la mística todo lo contrario de la proclama del genuino General de Hombres Libres, usurpada con el uso del arponazo. Ejemplo: La entrega que hicieron de Nicaragua. El acto traidor no tiene prescripción. Será siempre recordado con amargura.

El teniente coronel del Ejército Venezolano, Hugo Chávez Frías hace todo lo contrario de su prócer invocado. Según el catedrático historiador León Aguilar, pueden leerse textos suscritos por Bolívar donde éste aparece como un crítico implacable de las asonadas “revolucionarias”, del manejo populista de la ignorancia que sólo ha servido para ser factor de involución y no de progreso. A toda instrumentación humana el impostor le llama con todo lo inaudito del atraco “círculo bolivariano”. Círculos entrenados para tirar piedras y disparar a las muchedumbres, círculos improductivos engañados por las falsas promesas de un mesías bujón y bufón, que como lo dijo el escritor Carlos Fuentes, no dejó de ser nunca “un parlanchín”. Todo, menos ser discípulo de Bolívar.

Lo acontecido en Venezuela nos llena de profunda tristeza. Sectores que se confiesan demócratas, pero con el sólo “del diente al labio” de la hipocresía, manifestaron su alegría, “alegrón de burro” por el “golpe de Estado” propinado a Chávez. Es el voto y no las balas los que deben quitar y poner.

La salida más congruente con la actual Constitución venezolana, es la realización de un referéndum en el cual los mismos que lo pusieron se pronuncien si ese señor merece seguir gobernándolos. Si Chávez no lo acepta, expresará claramente su deseo expuesto en el papelito que le firmó a un sargento: “Chávez para siempre”. No siendo éste “santo de muchas devociones”, por la estabilidad hemisférica se debería apelar a procedimientos resolutivos, nunca pegados con goma en la pared.

La irresponsabilidad administrativa y política del insólito “caudillo” ha dividido a Venezuela. Hay dos Venezuelas. Divididas están sus clases sociales. Dividido su Ejército. Menguada la capacidad productiva, sensible está la reapertura de la herida.

A Chávez lo que le atañe es dejar en paz a Bolívar, respetar a la historia y a sus protagonistas sin cometer el pecado de falsificarlos.

Debe entender que los “diálogos nacionales” son un momentáneo y “cajonero” “apagafuegos” de las crisis nacionales. Los nicas tenemos experiencia sobre sus resultados. El mejor recurso sería para Chávez —si sobrevive— ser otro Chávez y acudir a los mejores métodos para responder a las necesidades del presente.

Eso, en medio de un mar de presunciones escépticas, está por verse.

* El autor es periodista  

Editorial
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