María Antonia López M. [email protected]
EL RAMA/ RAAS.- Extraer la pequeña producción desde la comunidad de El Móvil, no es compensado en el mercado. Los productores deben ingeniárselas para sobrevivir en estos días.
Juan José González tiene que sacar su producción hasta El Rama, tras pasar más de dos horas navegando sobre el río.
Queriendo tener un beneficio en el corto plazo, y aprovechando el apoyo que ha recibido del Ipade, sembró una cantidad de cepas de plátanos que ya están dando cosecha, pero en estos días no es un buen negocio.
Los plátanos han sido producidos sin uso de agroquímicos, y tienen un buen tamaño, sin embargo, eso no es reconocido por los comerciantes.
González explicó que bajó con una carga hasta El Rama, pero estando allá, solamente le ofrecieron 50 centavos por cada plátano, un precio que no compensa el esfuerzo y el gasto que debe hacer para transportarse aún a riesgo de perder el producto ante un eventual accidente en el agua, ya que las pangas son muy inestables y generalmente van cargadas de pasajeros.
Estas cepas son parte de las nuevas plantaciones que se perdieron con el paso del huracán Joan en 1988, y que dejara graves daños a la Costa Atlántica de Nicaragua.
“Con esos precios, mejor los dejamos para comer en la casa, no los estamos vendiendo, no los quieren comprar, prefieren ir a otros lados”, dijo.
Pero este productor tiene que buscar cómo sustentar a su familia, para ello, ha dispuesto utilizar el resto del área de la finca sembrando otro tipo de plantas que le den alguna alternativa.
Por ejemplo, el organismo, le proveyó de semillas forestales, y en una pequeña área montó un vivero, que le aportará más de 500 plantas para venderlas a otros productores y repoblar su finca.
Es así que especies como cedro real, melina, leucaena, madero negro y otras han sido dispuestas en la tierra a la espera de ser trasplantadas e iniciar el largo proceso de reforestación de un área que aún con características de trópico húmedo ya muestra los síntomas de la devastación forestal.