Carmen Romero Miranda relata que mientras su marido se dedica a cultivar en la finca ella se ha dado a la tarea de reproducir ovejas pelibuey.

Trabajan con esperanzas en el futuro

María Antonia López M. [email protected] Jorge Adalberto Vargas Murillo llegó desde Chontales, queriendo ayudar a su papá, quien había comprado 20 manzanas de tierra y establecer una finca. En ese tiempo solamente se cultivaban granos básicos, ahora las condiciones son totalmente distintas. Jorge Adalberto Vargas Murillo habita en la comunidad de El Porvenir, hacia el […]

María Antonia López M. [email protected]

Jorge Adalberto Vargas Murillo llegó desde Chontales, queriendo ayudar a su papá, quien había comprado 20 manzanas de tierra y establecer una finca. En ese tiempo solamente se cultivaban granos básicos, ahora las condiciones son totalmente distintas.

Jorge Adalberto Vargas Murillo habita en la comunidad de El Porvenir, hacia el sur del Río Rama, y está consciente de la necesidad de diversificar la finca para asegurar el futuro de sus nietos.

Tiene tantas variedades de plantas sembradas, que hasta pierde la cuenta, en su finca, hay cocos, piñas, marañón, cacao, canela, aguacate, guanábana, café, teca y otras que no mencionó por no recordarlas.

Este productor recibe apoyo del Instituto para el Desarrollo y la Democracia (IPADE), pero él asegura que si no fuera por voluntad propia, no tendría la finca que ahora tiene.

“En la variedad está el gusto”, y es así que Vargas tiene dos opciones de sobrevivencia que antes estaban sujetas a los inviernos. De esa cantidad de plantas ya extrae producción para vender y para consumir.

Según relató, los vecinos le han llamado “loco” porque le dicen que está “enjaranado” con el proyecto, pero a su vez está convencido de que el fruto de su esfuerzo está dando resultados, y ni siquiera le preocupa pensar en que el área destinada para las plantas forestales no será aprovechada por él mismo, “a lo mejor no la voy a explotar, pero les va a quedar a mis nietos, mientras a mis hijos les he metido dinero en la cabeza (invertido en educación”).

Una experiencia similar cuenta Carmen Romero Miranda, quien también habita en la misma comunidad. Esta mujer ha sido criticada por los demás, debido al ritmo de trabajo y superación que su núcleo familiar ha alcanzado en pocos años.

“Mientras mi marido cuida la finca, yo me voy a las capacitaciones, él se queda cuidando a los chavalos, limpiando la cocina, nunca me dice que no, después vengo y le explico lo que aprendí”.

Es así que ambos, trabajan de forma coordinada ahora, tienen cinco ovejas pelibuey “mi sueño es tener 100” dice. Pero también han montado una pequeña pulpería que les permite tener más ingresos de los que aporta la producción de yuca, frijoles, quequisque y otros que han ido variando en la finca, que además les permite cambiar la dieta, “antes sólo comíamos arroz y frijoles”, dice.

RESULTADOS DE LA EXPERIENCIA

Tras cuatro años de esfuerzos, los ingresos se obtienen de diversas fuentes.

La pequeña pulpería les abastece para su consumo familiar y al resto de vecinos cercanos.

Todos los hijos asisten a la escuela.

Han aprendido nuevas recetas para variar la alimentación.

No hay gastos mayores en curar enfermedades frecuentes, preparan sus propias medicinas naturales.  

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