La paseada del juego. Ocurrió cuando Jimmy Gonález no retiene la bola y se pierde un doble play. Mario Holmann (50) quedó safe y luego anotó por el Bóer.

Presión, felicidad y dolor en el juego

Fue una de las finales más emocionantes, y terminó revolviendo sentimiento Wilder Pérez R [email protected] “¡Este es el inning, este es el inning!”, gritaba el pitcher Oscar Torres mientras se paseaba de un lado a otro dentro del dogout del Bóer, en la apertura del octavo episodio, justo antes del empate. No era una predicción, […]

  • Fue una de las finales más emocionantes, y terminó revolviendo sentimiento

Wilder Pérez R [email protected]

“¡Este es el inning, este es el inning!”, gritaba el pitcher Oscar Torres mientras se paseaba de un lado a otro dentro del dogout del Bóer, en la apertura del octavo episodio, justo antes del empate.

No era una predicción, ni siquiera una intuición. Torres, al igual que las pocas decenas de boeristas que asistieron al estadio “Efraín Tijerino” de Chinandega, sólo contaba con la esperanza de las ilusiones, que es a fin de cuentas lo último que se pierde, entre su gorra y su cabeza.

Los peloteros indios tenían una presión más grande que el todo el peso de las aproximadamente siete mil personas que asistieron al último partido de la Serie Final. Todo era Chinandega. Las voces boeristas se habían reducido a los uniformados capitalinos, porque si alguien entre el público decía “viva el Bóer”, podía sufrir las consecuencias.

Pero los chinandeganos se portaron a la altura de buenos anfitriones, y con una algarabía respaldada por una carrera en el primer inning y dos más en el cuarto, se adueñaron del día hasta el lastimoso octavo episodio coronado con una carrera impulsada por Sandy Moreno.

Este fue un golpe extra para la fanaticada chinandegana, porque Moreno es el jugador más controvertido fuera de la capital. A los jugadores occidentales les cambió el rostro, no sin que el catcher del Bóer Marlon Abea lo detectara y repartiera la confianza que con eso había ganado.

El mismo Abea empató el partido con dos impulsadas. Desde entonces, la presión del juego aumentó. La fanaticada del Chinandega parecía recuperar el duelo de uno de sus directivos fallecidos, hasta que fue el mismo equipo chinandegano el que pereció 4-3 en extrainning.

“Mal, me siento mal, ellos jugaron mejor, si no jugás bien, el béisbol te castiga, y nos castigó”, se la mentó Argelio Córdoba, mientras los Indios celebraban en el centro de un coloso vacío.  

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