Marcelo Bielsa es respetado por todos los millonarios jugadores de Argentina. En la gráfica aparece con el “Burrito” Ortega.

Un loco con método

El genio de Bielsa, que raya en la manía, reside en su capacidad para comunicarse con los jugadores JOHN CARLIN SAPPORO.- Si hay otro entrenador o, no ya entrenador, cualquier otra persona, que haya visto más fútbol en televisión y con mayor detenimiento en los últimos cuatro años, tendrían que encerrarle. El propio Marcelo Bielsa […]

  • El genio de Bielsa, que raya en la manía, reside en su capacidad para comunicarse con los jugadores

JOHN CARLIN

SAPPORO.- Si hay otro entrenador o, no ya entrenador, cualquier otra persona, que haya visto más fútbol en televisión y con mayor detenimiento en los últimos cuatro años, tendrían que encerrarle.

El propio Marcelo Bielsa lleva encerrado viendo fútbol en un rancho en la Pampa, a 322 kilómetros al norte de Buenos Aires, desde que le nombraron seleccionador de Argentina en 1998.

Siempre tiene a mano una colección de bolígrafos de diferentes colores y pilas de folios de papel, algunos en blanco, otros con líneas, y otros con la zona de penalti marcada.

Lo que hace, entre otras cosas, es dividir cada partido que estudia en segmentos de cinco minutos, anotando con bolígrafo de un color qué equipo controla esos cinco minutos; con otro color, las oportunidades de gol; con otro, el porcentaje de posesión; con otro, dibuja las jugadas; y con otro califica con una puntuación del 1 al 10. Es un trabajo duro.

De 10:00 de la mañana a 10:00 de la noche, trajina sin parar: grabando, editando, coloreando, haciendo anotaciones y construyendo la biblioteca de fútbol más culta del planeta.

No por nada en Argentina se le conoce como el loco Bielsa. Pero como decía Hamlet (al que Bielsa en cierto modo se parece), hay método en su locura.

Su vigilancia obsesiva rinde sus frutos. Argentina ganó en el gran grupo de clasificación suramericano del Mundial con una facilidad casi insultante.

Sólo ha perdido dos veces (contra Brasil, fuera y el viernes ante Inglaterra) en los últimos 21 partidos.

Hay mucha gente seria del mundo del fútbol que cree que todavía será coronada campeona del mundo el 30 de junio.

Y de paso, Bielsa ha conseguido el singular logro de ganarse tanto a la prensa como a los aficionados.

LA OBEDIENCIA DE LOS JUGADORES

Y, lo más importante de todo, ha superado el mayor reto al que se enfrentan estos días los seleccionadores del máximo nivel: ganarse el respeto incondicional de sus famosísimos jugadores multimillonarios.

Gabriel Batistuta describe a Bielsa en su autobiografía como el entrenador más importante que ha tenido nunca.

Y Verón declaró que Bielsa es “el arma secreta de Argentina”. “Ante todo”, dijo, “quiero decir que tenemos mucha suerte al contar con alguien tan excepcional como Bielsa”.

¿Qué tiene de excepcional, aparte de su maniática atención al detalle? ¿Cómo inspira esa devoción en sus jugadores? No es encanto, en el sentido convencional de la palabra.

No es frío, tranquilo y elegante como Sven-Göran Eriksson. Y tampoco es de ésos que aspiran a hacerse amiguete de sus jugadores.

Conciso, de conducta reservada, es un hombre complejo que, como el 90% de los argentinos de clase media, ha pasado muchas horas de psicoanálisis.

Incesantemente curioso, instintivamente inquisitivo (“Bielsa lo sabe todo acerca de todo”, dice Batistuta), no sufre a los tontos de buen grado.

UN TIPO RIGUROSO

Los periodistas de fútbol argentinos se estremecen al recordar el día en el que Bielsa, que no concede entrevistas personales formales, se decidió excepcionalmente a sentarse con uno de sus colegas para diseccionar una serie de intrincadas jugadas tácticas.

Cuando Bielsa terminó, puso al experto a prueba, pidiéndole que resumiera la lección que acababa de aprender.

Cuando quedó patente que el pobre desventurado no había prestado suficiente atención, Bielsa se indignó y le dijo que dejara de hacerle perder el tiempo.

Aunque sentarse a charlar con Bielsa sea todo un reto, sería un error describirle como esa especie de intelectual que desprecia a los que tienen menos conocimientos que él.

Es más exacto pensar en él como el profesor ligeramente abstraído para el que una conversación nunca es ociosa. Rondando un metro noventa, con ojos como platos que clavan la mirada y una exuberante melena al estilo Beethoven, sería fácil imaginarle vestido con una bata blanca en un laboratorio de física.

TAMBIÉN UN HOMBRE DE PRINCIPIOS

No se siente a gusto con ese cinismo de ganar a toda costa que postulaba Bilardo. Desprecia esa clase de fútbol que hace hincapié en impedir que el otro equipo juegue.

La alta estima que sienten por él como persona sus jugadores, que casi sienten miedo de su inteligencia y altos principios, es la base del respeto que sienten por él como entrenador.

De lo contrario sería difícil comprender cómo convence a jugadores como Verón y Batistuta a que acaten sin rechistar la rígida y repetitiva rutina que impone.

Lleva al campo de entrenamiento la meticulosidad del hombre que se sienta hora tras hora a examinar vídeos en la Pampa. Y traduce lo que ha aprendido en maniobras prácticas con los pies y el balón.

Si quiere practicar un determinado movimiento en una parte específica del campo, por ejemplo en una superficie de 18 por 18 metros entre el círculo central y la línea de banda, la acordona, pide a los dos o tres jugadores implicados que entren y practiquen la jugada una y otra vez hasta que pueden hacerlo con los ojos cerrados.

“Presión”, ha dicho Bielsa, “es sinónimo de fútbol”. Y también: “El fútbol es un juego colectivo, es -no nos olvidemos- un juego de asociación”. Con lo que quiere decir que todos atacan y todos defienden.

La presión sobre el balón todo el tiempo, esté donde esté, combinada con los suaves y ensayados movimientos de un ronroneante Mercedes Benz en medio campo y en ataque, se suman al implacable juego de un toque, alto tempo y fútbol total que Bielsa ha convertido en su sello personal, y que los rivales latinoamericanos de Argentina han sido incapaces de resistir.

LOS VIDEOS Y LA PALABRA

Curiosamente, teniendo en cuenta que su preparación raya en la manía, su genio reside en su capacidad para comunicarse con sus jugadores; para reducir el desorden, la complejidad y la rareza de su mente a mensajes breves, directos y digeribles que tienen el efecto de aportar claridad y luz a los futbolistas.

Uno de los medios que usa es la cinta de vídeo. Vivas, del Inter, dice que el “perfeccionismo” de Bielsa, lejos de ser irritante, le ha mejorado como jugador.

“Me sorprende la forma en que tiene editadas todas las cintas para mostrarte exclusivamente lo que tienes que saber, en lugar de aburrirte con el partido completo”.

El otro medio de Bielsa es la palabra. Como hijo de un célebre abogado y hermano de un experto constitucionalista, Bielsa pasa mucho tiempo pensando en la palabra o palabras precisas que debe usar para instruir tácticamente a sus jugadores e inspirarles emocionalmente.

Para ello es bien sabido que se pasa horas estudiando detenidamente diccionarios de sinónimos.

UN INSISTENTE

Marcelo Bielsa, el seleccionador nacional de Argentina, se llevó 1.800 cintas de vídeo a Japón. Luego pensó que necesitaba más, así que mandó que le llevaran otras 200, por sí acaso.

Al fin y al cabo, antes de sacar a Claudio Caniggia por primera vez en ocho años para jugar un Mundial puede que quiera echarle otro vistazo a cómo jugó los últimos 10 minutos del último partido en casa de los Rangers contra Aberdeen.

O en el caso de que Argentina se enfrentara a Camerún en la final, se tiraría de los pelos al descubrir que se había dejado en casa la cinta de la victoria por 3-0 de los ‘Leones indomables’ contra Togo en la fase de clasificación de la última Copa de África.  

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