- Victoria de Senegal el mayor impacto
José Antonio DiegoEFE
Seúl.-La selección de Senegal, con todos sus jugadores enrolados en equipos franceses, puso del revés el mito de Saturno devorador de sus hijos y el Mundial boca abajo al infligir una insospechada derrota a la “madre patria” que les servirá de reclamo publicitario.
Goya legó a la posteridad la imagen del titán Saturno devorando con ojos desorbitados a uno de los hijos que había engendrado en su hermana Cibeles para evitar que se cumpliera el presagio de Gea, la tierra, según el cual uno de ellos terminaría destronándole.
El mundo del fútbol acaba de acuñar en Seúl el mito contrario: once hijos acabaron devorando al padre.
Francia, que fue la potencia colonial de Senegal durante 70 años, entre 1890 y 1960, se ha convertido en destino casi exclusivo para generaciones de futbolistas senegaleses que buscan horizontes más apetitosos tan pronto como destacan en el modesto campeonato local.
Los once senegaleses que saltaron al terreno de juego en el partido inaugural contra Francia pertenecen a equipos franceses y, para mayor abundamiento, trabajan a las órdenes de un francés, Bruno Metsu, entrenador de Senegal desde octubre del año 2000.
El fenómeno no afecta tan solo a los titulares de Senegal. De los 23 seleccionados para el Mundial, solo dos (Omar Diallo, del Kuribga marroquí, y Kalidu Cissojo, del Juana de Arco senegalés) juegan en equipos que no son de la “madre patria”.
El partido inaugural tuvo tal grado de afrancesamiento que al final, pese al adverso resultado, un francés optimista parecería autorizado a pensar que acabó ganando Francia, la patria de todos.
w Se avecina deserción
En el horizonte, sin embargo, despunta ahora la amenaza latente de la deserción. Los equipos franceses, que no son nadie en el concierto europeo, pueden quedarse pequeños para los ahora consagrados futbolistas senegaleses.
Su mayor talento, El Hadji Diouf, de 21 años, anunció que se marcha al Liverpool, un equipo que en su opinión servirá más que el Lens francés como caja de resonancia a sus habilidades en el campo.
La diáspora senegalesa está a punto de comenzar. El traslado a las islas británicas del mejor futbolista de África marca la senda a sus compañeros. Salif Diao también es apetecido por el Liverpool, que, curiosamente, tiene un entrenador francés, Gerard Houllier.
La generación dorada del fútbol francés que abandera Zinedine Zidane parece a punto de colapsarse, pero el juego que practicaron, con el que coronaron la cota más alta en la historia del fútbol galo, ha conseguido educar a esta otra floración de senegaleses asentados en territorio francés.
Los campeones mundiales de hace cuatro años hubieron de romper el estrecho corsé del campeonato francés para buscar mejores sueldos en los grandes equipos europeos. Sólo cinco de los 23 seleccionados para el Mundial asiático permanecen en el “championat”.
El pelo de aburguesamiento, derivado de los millonarios contratos que firmaron, empieza a ser realidad para los jugadores franceses, que acaban de recibir una lección de sus “compatriotas”.
El año pasado, un grupo de jugadores senegaleses afincados en Francia se reunió en un bar de París y se conjuraron para dar brillo al fútbol de su país y, de paso, ofrecer al mundo su imagen más atractiva como gancho ante los clubes poderosos. En el debut del Mundial lo consiguieron, aunque todo quedara en Francia.