Thelma de Prego
En el Cerro de Miragua, a 900 metros sobre el nivel del mar—Reserva Nacional Forestal, Área Protegida Privada— se están mancillando sus bosques con despales y con incendios, los invasores son protegidos y ayudados por el alcalde.
Durante el gobierno de doña Violeta, en los años 90, en Comalapa, cuando era alcalde el conservador Fernando Sándigo, de gran arraigo en la población, él prohibía esos abusos, y en conjunto con Marena sentó en el banquillo a los depredadores.
El pueblito de Comalapa todavía es bendito, porque por milagro disfruta de abundante agua en su nuevo pozo, desafiando las calamidades que pasan Juigalpa, Camoapa, Boaco y San Lorenzo en cuanto al agua potable. Sin embargo, este alcalde no aprecia esta bendición, no la cuida, y no inculca en sus moradores el amor al ambiente, a la naturaleza y a las pocas reliquias del ayer exuberante Chontales.
Yo he dicho en otros escritos que en Comalapa va a ser más cara el agua que la leche y que la gasolina. Desgraciadamente, parece que en ese pueblito no hay alcalde, la Policía parece cruzada de brazos, y el Poder Judicial, aunque está en buenas manos, carece del apoyo de las otras autoridades, y más bien le jalan el mecate al revés.
Ojalá los moradores de ese pueblo, los ganaderos y los finqueros de Comalapa, se den cuenta a tiempo del peligro que se cierne sobre el pueblo. Otrora, los ríos y quebradas que circundan el pueblo conservaban sus pozas, sus esteros y sus ricas aguas, hoy son cuencas de piedras. Pero el despale prosigue en todo el municipio, los incendios y las quemas están a la orden del día.
No hay ley ni freno, las invasiones de tierra siguen de moda, ayudadas por autoridades del pueblo, que nunca han leído la Constitución de la República, que ya se les olvidó —como en los años 80—, que el derecho de propiedad privada es sagrado, inviolable e imprescriptible, como sabiamente lo dijo un día de estos el subprocurador de la República, don Paco Fiallos.
Dios salve a Comalapa.