La revolución de la honradez

Róger Fischer [email protected]

Nicaragua ha vivido muchas revoluciones a lo largo de su vida republicana, siempre ha surgido un movimiento bélico, el infaltable caudillo y la repetición de nuestra historia. La misma tragedia ha desgarrado a la familia y permitido que nuestro territorio cada día sea menos vasto. Ese atavismo tuvo un paréntesis en los 30 años conservadores y ahora se presenta una magnífica oportunidad, si es que realmente estamos dispuestos a cambiar.

Las verdaderas revoluciones son las que se hacen de manera pacífica, sin derramamiento de sangre, pero que transforman a la sociedad y concientizan a sus ciudadanos.

Enrique Bolaños decidió encabezar la revolución de la honradez y empuñó el estandarte de la anticorrupción. Su lucha no persigue nombres propios, ni colores políticos, tampoco pelos religiosos, es simple y llanamente una guerra contra los corruptos, llámese como se llamen, sean liberales, conservadores, social demócratas o sandinistas. Esto es un cambio fundamental en la vida de los nicaragüenses. La lucha contra la pobreza pasa forzosamente por la transparencia y la honestidad. La coima, el serrucho, el porcentaje bajo la mesa y tantas otras formas de corrupción entorpecen el desarrollo y envilecen la dignidad humana. No puede haber justicia si hay corrupción.

Ahora han aparecido falsos líderes que pretenden convertirse en abanderados de la honestidad, ellos no pueden ejercer la doble moral de quedarse por un lado con los bienes “piñateados” y aparecer como personas transparentes promoviendo la lucha contra la corrupción. El derecho de una prescripción legal, no limpia el nombre de quienes poseen bienes que moralmente no les pertenecen. Tan inmoral es quien está en la cárcel por abusar de los bienes del Estado, como los nuevos ricos que mágicamente surgieron a la vida económica y social de Nicaragua en virtud de “La Piñata”.

El atraso y la pobreza, se ha acrecentado con la quiebra fraudulenta de los bancos. Un remolino de injusticias, atracos, trampas, trucos y leguleyadas envolvieron a nuestro país y lo han mantenido sangrante en los últimos 30 años.

La reconstrucción de Managua despertó la codicia de Somoza, los nueve comandantes vivían como Pachá en la época del sandinismo, después hicieron “La Piñata”. Funcionarios corruptos en la Administración de doña Violeta acabaron con el Banades y no dieron cuenta de muchos de sus actos, la corrupción siguió creciendo en la administración anterior, y según palabras del presidente Bolaños, hay 600 millones de dólares que deberían ser rescatados y regresados al pueblo de Nicaragua.

“Yo soy pobre, pero honrado” decían con orgullo los nicaragüenses de antes. Estaban conscientes de sus valores, su palabra valía, su dignidad estaba por encima de todo. Cínicamente decían unos pocos, yo soy honrado por conveniencia, sencillamente la honradez paga buenos réditos. Había confianza y seguridad en las transacciones.

Hoy de nuevo la honradez golpea nuestras puertas y nuestros sentidos. Para ser un país mejor, debemos ser honestos con nosotros mismos. Para darle más oportunidad a los desposeídos, debemos ser honestos con ellos. Para ver de frente a nuestros hijos, debemos ser honestos en todos los actos de nuestra vida. Es por eso que la revolución de la honradez, no es un acto ilusionista.

La lucha contra la corrupción es la única fórmula para cambiar las estructuras morales y sociales del nicaragüense. Si bien la corrupción está arraigada desde tiempos inmemoriales, también es cierto que no es imposible derrotarla. Es un proceso largo que con mano firme y oportuno liderazgo nos va a dar buenos dividendos. En Asia se han dado varios milagros económicos, de un per cápita parecido al nuestro, han emergido países que alcanzan doce o quince mil dólares anuales por cabeza.

El Gobierno de Enrique Bolaños goza del respaldo de la ciudadanía, los medios de comunicación le han dado un oportuno soporte a su lucha anticorrupción. El sector privado es un buen aliado del Gobierno. Los organismos internacionales se han manifestado favorablemente y las relaciones con los Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea, son excelentes, esto es significativo e importante para Nicaragua y un franco detente a cualquier maniobra, pacto o intento de desestabilización.

Todo lo anterior confirma que estamos en el camino correcto.

El autor es publicista.  

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