Leonel Arana Guzmá[email protected]
El reciente comunicado emitido por los obispos de Nicaragua en el cual tratan de distraer la atención pública del tema de la corrupción, así como de la necesidad de luchar contra ella, para centrarla más bien en supuestos abusos de los medios de comunicación a los que acusan de levantar campañas falsas contra funcionarios supuestamente inocentes, pareciera ser un acto de rebeldía y de desobediencia de nuestros obispos contra las enseñanzas de Juan Pablo II, quien ha sido el principal abanderado dentro de la Iglesia en la lucha mundial contra la corrupción.
Para Su Santidad Juan Pablo II el “vicio de la corrupción” está en la raíz de la pobreza y el atraso de los países subdesarrollados, y es obligación de los buenos cristianos combatirla donde se presente y denunciar a los políticos corruptos ante la justicia, obligación que nuestros señores obispos parecen no querer aceptar y que más bien tratan de socavar. Para Su Santidad la corrupción de los funcionarios públicos es un asunto sumamente serio e importante como lo demuestra que para él sea un tema recurrente en numerosas homilías, cartas y discursos dirigidos a los fieles católicos e incluso en exhortaciones dirigidas a los mismos obispos.
Para mostrar la preocupación del Papa sobre el tema de la corrupción incluyo párrafos de tres escritos de Su Santidad extraídos de las numerosas referencias y exhortaciones que ha hecho sobre este tema solamente en los últimos años.
I
“Urge una cultura de la legalidad. 5. No se puede pasar por alto, además, el vicio de la corrupción, que socava el desarrollo social y político de tantos pueblos. Es un fenómeno creciente que va penetrando insidiosamente en muchos sectores de la sociedad, burlándose de la ley e ignorando las normas de justicia y de verdad. La corrupción es difícil de contrarrestar, porque adopta múltiples formas; sofocada en un área, rebrota a veces en otra. El hecho mismo de denunciarla requiere valor. Para erradicarla se necesita además, junto con la voluntad tenaz de las autoridades, la colaboración generosa de todos los ciudadanos, sostenidos por una fuerte conciencia moral”. Mensaje de Su Santidad Juan Pablo II para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero 1998.
II
“Lucha contra la corrupción 60. En América el fenómeno de la corrupción está también ampliamente extendido. La Iglesia puede contribuir eficazmente a erradicar este mal de la sociedad civil con” una mayor presencia de cristianos laicos cualificados que, por su origen familiar, escolar y parroquial, promuevan la práctica de valores como la verdad, la honradez, la laboriosidad y el servicio del bien común”. (220) Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in América del Santo Padre Juan Pablo II a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a los consagrados y consagradas y a todos los fieles laicos. Dado en Ciudad de México, el 22 de enero del año 1999, vigésimo primero de mi Pontificado.
III
“La corrupción. 23. La corrupción, frecuentemente presente entre las causas de la agobiante deuda externa, es un problema grave que debe ser considerado atentamente. La corrupción «sin guardar límites, afecta a las personas, a las estructuras públicas y privadas de poder y a las clases dirigentes». Se trata de una situación que «favorece la impunidad y el enriquecimiento ilícito, la falta de confianza con respecto a las instituciones políticas, sobre todo en la administración de la justicia y en la inversión pública, no siempre clara, igual y eficaz para todos».(62) A este propósito, deseo recordar cuanto escribí en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1998, que la lacra de la corrupción ha de ser denunciada y combatida con valentía por quienes detentan la autoridad y con la «colaboración generosa de todos los ciudadanos, sostenidos por una fuerte conciencia moral». (63) Los adecuados organismos de control y la transparencia de las transacciones económicas y financieras previenen ulteriormente y evitan en muchos casos que se extienda la corrupción, cuyas consecuencias nefastas recaen principalmente sobre los más pobres y desvalidos. Son además los pobres los primeros en sufrir los retrasos, la ineficiencia, la ausencia de una defensa adecuada y las carencias estructurales, cuando la administración de la justicia es corrupta”. Consejo Pontificio Cor Unun, El hambre en el mundo un reto para todos: el desarrollo solidario.
El autor es administrador de negocios.