El viaje de Carter a Cuba

Emilio Álvarez Montalván

Jimmy Carter se ha convertido en una especie de instrumento democratizador. Sus visitas a países con problemas institucionales procuran destrabar las libertades públicas. No obstante, el caso de Cuba es difícil porque se trata de una transición que ni siquiera ha comenzado. A pesar de ello es evidente que el cambio hacia la democracia en la isla caribeña se operará con la colaboración de Castro o sin ella. Lo juicioso sería, entonces, que el comandante Fidel la empezase a poner en marcha, pues por sentido común se efectuará tarde o temprano.

En cambio, esperar hasta la desaparición del gran caudillo (por cierto inevitable) sería abrir una caja de Pandora, escenario en que su hermano Raúl no podrá servir de árbitro. Cuando Franco se jactaba de dejar todo atado y bien atado, nunca se imaginó que fuerzas poderosas que planeaban la sustitución del sistema, estuviesen agazapadas a su alrededor. En el caso de Cuba, si bien son indiscutibles los avances espectaculares que el gobierno comunista ha conseguido en 43 años en los campos de salud, educación y deporte, debe existir latente una fuerte opinión de que las cosas podrían ir mejor con un sistema abierto.

Pero, ¿hay algo que pueda hacerse en vida de Fidel, para acortar el tiempo? Pensamos que si se permitiese la critica abierta a las acciones administrativas del gobierno podría originarse un embrión de tolerancia al disentimiento. Organizaciones cívicas de vecinos, no políticas, empezarían la tarea. Es una manera de ir construyendo una alternativa que al mismo tiempo adquiera prestigio y confianza para que sea dentro de Cuba que se inicie y robustezca el relevo. En España, por ejemplo, fue la existencia de una clase media fuerte la que inspiró la moderación y el diálogo, al surgir la figura de Adolfo Suárez y posteriormente realizarse los Pactos de la Monclova.

Lo cierto es que en ese trasiego hacia la democracia en España, la figura del Rey ya ungido como jefe de Estado, pero entonces todavía pintado en la pared, fue esencial al desaparecer Franco. Por supuesto que la sensatez, que no se esperaba de los españoles cabeza dura, se estimuló al convencerse de que el cambio integraría a España a una etapa superior de desarrollo, con la Comunidad Europea. También es verdad que el relevo español fue obra de ellos y no una receta extranjera. Su secreto fue incorporar a todas las tendencias políticas desde el comunismo (Santiago Carrillo) hasta el franquismo (Fraga Irribarni), pasando por el socialismo de Felipe González.

En cuanto al boicot comercial mantenido por Norteamérica en Cuba, ya dio lo que iba a dar, y levantarlo produciría frutos materiales y psicológicos que ayudarían a formar y robustecer esa tercera fuerza sensata de que hablamos. Dentro de Cuba hay suficientes talentos para enhebrar la aguja de la democratización si se les da oportunidad, Carter no causará efectos espectaculares, pero abrirá el apetito para el cambio.

El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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