Freddy Potoy [email protected]
Respecto a los medios de comunicación, el comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua quedó fuera de orden. El airado cuestionamiento a los hombres y mujeres de prensa pierde sentido, si tomamos en cuenta que en los últimos años las firmas encuestadoras han ubicado en un lugar preponderante a los medios, en relación con la Iglesia Católica.
Esa no es culpa de los periodistas. Tampoco es responsabilidad nuestra que los obispos de Nicaragua mantengan una confusa relación Estado-Iglesia.
El comunicado episcopal dejó la sensación de que los medios no deben tocar a los líderes religiosos porque ellos representan a la Iglesia Católica. Ese es un pensamiento incorrecto. “La Iglesia son los fieles, más que los muros (Concilio de Arras, año 1205)”. El franciscano español Álvaro Pelayo decía: “La Iglesia no se construye con muros y barreras, porque es la comunidad de los universales”. San Juan Crisóstomo consideraba que “la Iglesia no está construida por un cerco de muros, puesto que es el conjunto de sus miembros”.
No es culpa de los medios informar sobre hechos deleznables cometidos por varios religiosos en distintas partes del mundo. Sin embargo, los obispos de Nicaragua quieren que callemos las anomalías que se han denunciado. La justicia y la ley no deben tener preferencia por nadie.
Da la impresión de que quieren que callemos sobre la obtención de beneficios durante el gobierno del ex presidente Arnoldo Alemán. Sería como que le dijéramos a los obispos que se instaure un período sabático de varios años en el que la Iglesia guarde silencio. Sería ilógico.
Ese comunicado me hizo recordar un artículo publicado en El País, de España, en diciembre de 1997, por el teólogo seglar E. Miret Magdalena. Este señor ese año se refería a las opiniones de los españoles sobre la Iglesia Católica, y las respuestas conducían a “que los obispos están fuera de nuestra realidad española, y se ha perdido la confianza en ellos y en lo que representan”. Igualmente, los españoles opinaban que les molestaba la demasiada riqueza de la Iglesia.
“Ésta es la realidad de una Iglesia que se ha revestido en exceso del lastre externo que tomó del imperio romano primero, y luego del mundo feudal para terminar con la influencia desmedida del absolutismo legitimista francés en la Edad Moderna; y de buena parte de esas rémoras todavía no se ha desprendido”, agregó E. Miret Magdalena.
En Nicaragua hay crisis de todo: de valores, de liderazgo, de institucionalidad, de ética, de transparencia, de honradez, etc. La Iglesia también está en crisis, quieran admitirlo o no sus líderes. Los obispos deberían reconocer que su magisterio se equivoca frecuentemente, no el Evangelio, como recordaba el escriturista padre McKenzie, sacerdote jesuita (SJ).
La Iglesia Católica en términos generales, en el mundo, está en crisis. Se siguen viendo numerosos errores, defectos graves, coacciones y hasta falta de libertad.
Los nicaragüenses debemos defender nuestro derecho de la libertad de expresión sin la intervención de organismos eclesiásticos represores.
No imagino al Rabí Jesús caminando con mitra, báculo y un cordón de oro colgando en el pecho, subiéndose a un Mercedes-Benz, o a una Chevrolet, o a un Pontiac, y a la vez censurando a los medios.