Un "güegüense" holandés

Liesbeth [email protected]

“Lo que más da miedo al hombre es lo que no puede entender”, dijo el antropólogo Clifford Geertz. Pim Fortuyn, el candidato a las elecciones legislativas de Holanda que se celebran hoy y quien fue asesinado a tiros la semana pasada, parecía un fenómeno tan ecléctico que llegó a ser intangible.

El rápido levantamiento de un populista derechista con elementos de izquierda y un amplio apoyo electoral ha despertado el interés político de las masas en los Países Bajos y su muerte aún contribuyó más a instigarlo.

El pueblo del pequeño país que a menudo con gran orgullo defiende valores de tolerancia y una hospitalidad democrática, está confundido. Las ideas de Fortuyn cortaron a través de la configuración política tradicional de izquierda-centro-derecha, además contaron con gran empatía entre clases diversas, incluso entre inmigrantes.

“Apertura en vez de reunión detrás de las puertas”, dijo Fortuyn. “Viva el espectáculo y hablemos de la política cerrada del consenso que gobierna este país”. La coalición de las grandes corrientes laboral-liberal ha gobernado ocho años en paz relativa, progreso económico pero sin el interés del electorado.

Es propiamente allí donde reside el problema. El proyecto político de la coalición no estaba suficientemente definida en términos comprensivos para la gente humilde y por la cultura de consenso y del dialogo analítico, la política fue calificada de ‘aburrida’, ‘gris’ y ‘dormida’.

Todo esto terminó con Pim Fortuyn. El ex profesor de sociología marxista sembró inquietud e incorporó al votante en el debate público en la crítica a la política de inmigración, la propaganda de cerrar las fronteras a los inmigrantes o sus exclamaciones sobre un Islam “retardado” en la entrevista con De Volkskrant, un diario nacional, y más su broma de preferir encontrarse con otros homosexuales en los cuartos oscuros (darkrooms) en vez de visitar la iglesia, dan qué pensar sobre el valor provocativo de sus palabras mediatizadas.

El electorado se centra en la sencillez de ellas para analizar al establecimiento político y la sinceridad en pronunciarlas. En la televisión los seguidores de su lista pronunciaron su interés despertado por la política nacional.

No obstante, era un interés sin conocimiento de la historia política nacional, sin ver los numerosos logros de los candidatos de la coalición anterior que compiten también en estas elecciones o sin desarrollar una conciencia política.

No sólo las palabras de Pim es lo que entendemos. Las confrontaciones repetidas de Fortuyn desencadenaron un debate vivo en que todo podía discutirse de nuevo bajo el lema de la democracia, mientras el “Dandy” se contradecía en varias ocasiones.

En la prensa internacional el fenómeno fue representado con el mismo simplismo de Fortuyn: era otro extrema-derecha con posibilidades de obtener muchos escaños en la Cámara Baja del gobierno. Se hicieron varias comparaciones con radicales como Hayder en Austria o Le Pen en Francia, pero no bastaron en explicar por qué Fortuyn hizo alianzas tan diversas.

En los medios holandeses Fortuyn mismo desmintió varias de sus opiniones en términos menos comprensivos por su electorado joven cuando los pocos periodistas audaces que le sabían poner en la esquina, informaron acerca de su valor estratégico y pragmático en vez de sus cualidades retóricas.

Tal vez su único mérito fue señalar las debilidades de una democracia vigente donde las diferencias pueden coexistir. La pareja Laboral-Liberal necesitaba urgentemente reanimar su relación. Habían tardado demasiado en redefinir cómo el amor entre la izquierda y la derecha podía mantenerse en una coalición en la que la izquierda había adoptado progresivamente la agenda neo-liberal de la derecha.

Fortuyn, por mostrar su cara intelectual a la inteligencia, su cara populista a las masas y al aprovechar de su fuerzas argumentativas ante un establecimiento claramente sorprendido, no es tan intangible como parece, pero un fenómeno de todos los tiempos: un tipo “güegüense” inteligente que sabe manejar la política de “divide et impere” en una sociedad un poco dormida.

La autora es socióloga holandesa, radicada en Nicaragua.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí