La delincuencia y los espacios públicos

Marco A. Valle Martí[email protected]

El asesinato del Comisionado General Christian Munguía es un grito a la conciencia nacional a no dormirnos en los laureles de ser el país con mejores índices de seguridad ciudadana en Centroamérica. Somos, pero este crimen llama a invertir mayores esfuerzos, pensamiento y recursos en reforzar la seguridad de las personas, especialmente en la capital.

A veces se olvida que la gente de Managua experimenta cotidianamente altos grados de tensión. Basta pensar en un día cualquiera e imaginarse una familia de a pie, bus o, de carro, y no cabe duda que cualquier miembro, en su ajetreo, tiene elevadas posibilidades de ser víctima de la violencia, o sea, no regresar ileso a su casa. Y más con la proliferación de armas de fuego, incluyendo las “hechizas” que fabrica la delincuencia.

El reto está planteado. No hay que permitir que la delincuencia se apropie de los espacios públicos. Pero el asunto es que, la criminalidad, gradualmente, avanza en el apoderamiento de esos espacios como, barrios, aceras, buses, paradas de buses, calles, caminos, carreteras, parques, rotondas, esquinas de semáforos, mercados, balnearios y salida de las escuelas. Se debe poner mayor atención a este fenómeno, ya que en la mayoría de las casas, que son el espacio privado por excelencia, se vive situaciones de desempleo y/o subempleo, y si a eso se le suma inseguridad en los espacios públicos, se estará avanzando a un escenario en que la familia se sentirá cercada.

Actualmente, mucha gente que va y viene del trabajo acarrea sentimiento de inseguridad, ya que se desplaza preocupada de ser víctima de un delito, sea en la acera, la parada del bus, el bus, el carro, o en la calle rumbo a su casa. Son frecuentes las noticias de lesiones y/o muertes que causan las pandillas en barrios de Managua, ataques a vehículos y robos en esquinas de semáforos, paradas de bus, taxis, así como despojos a mujeres en los mercados, y alardes de los delincuentes asaltando la gente en el bus. Una advertencia más, se está experimentando descenso en la matrícula de estudiantes de noche debido al miedo que tienen de ser asaltados, pasándose a clase los fines de semana, lo que constituye un golpe a la calificación del capital social nacional.

Igualmente, la vida familiar se torna más agria cuando llega el fin de semana, quiere salir y descansar un poco, pero, se encuentra que en Managua existen pocos lugares para distraerse gratuitamente. Por ejemplo, o no hay o hay pocos parques verdes, limpios, atractivos, y, en los pocos, está el peligro de que su niño, niña, abuela o familia sea víctima de un delito. Además, los “chinamos” casi siempre están en mal estado, y nunca se presentan veladas culturales que permitirían gozar momentos de tranquilidad y relajamiento a la familia.

Por su lado, las empresas y hogares de sectores altos y medios también sienten amenazas procedentes del espacio público, están enrejados, tienen alarmas, seguridad privada, escoltas, vidrios arriba de los vehículos, y un modo de vida cada vez alejado de los “otros”.

De cara a este cuadro y, ante la necesidad de sacar adelante el país y Managua, no permitamos que los espacios públicos sean de la delincuencia. La ejemplar trayectoria de Christian nos lo recuerda.

El autor es consultor en seguridad ciudadana.  

Editorial
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