El presidente Enrique Bolaños disipó ayer las dudas acerca de que podría dejar a medio camino la lucha contra la corrupción que emprendió en enero del año en curso, debido a las fuertes presiones que están ejerciendo algunos sectores poderosos e influyentes que defienden directa o indirectamente a los corruptos.
Las declaraciones de algunos prominentes sandinistas, de que llevar demasiado lejos la lucha contra la corrupción podría desestabilizar el país; los arreglos libero-sandinistas para tratar de quitar a la Procuraduría la facultad de llevar ante los tribunales a los acusados de corrupción; el comunicado de los obispos en el que se ataca a los medios de comunicación y a todos los que denuncian y combaten la corrupción; la cena del presidente Bolaños, el lunes de esta semana, con los diputados del PLC que se han convertido en protectores institucionales de la corrupción, son algunos hechos relevantes que han hecho temer a no pocas personas que el presidente Bolaños podría quedarse en la mitad del camino.
Pero en el mensaje que dirigió ayer a la nación, antes de viajar a España y Taiwan para cumplir compromisos oficiales, el presidente Bolaños ratificó el criterio de que nada se puede hacer “para curar la pobreza y el desempleo, si no detenemos para siempre la hemorragia de la corrupción. No podemos continuar como en el pasado, metiendo recursos por un lado para la salud, la educación, para infraestructuras, si por otro lado se desvían esos recursos para el beneficio personal de unos cuantos. (…) La lucha contra la corrupción es, pues, impostergable y además inclaudicable”, y agregó que esta lucha es innegociable.
Al respecto, es muy importante lo dicho ayer por el presidente Bolaños, de que la lucha contra la corrupción no está dirigida contra uno u otro partido político ni contra ningún sector económico, ni contra ninguna Iglesia, sino contra los corruptos, donde quiera que estén. En realidad, es muy oportuna esta aclaración, porque con frecuencia se argumenta, a veces de buena fe, pero en ocasiones para justificar la corrupción y defender a los corruptos, que sólo a los liberales se les está llevando a los tribunales, pero que no se hace nada contra los sandinistas que también han participado en la corrupción. Y se dice que el Gobierno y los medios de comunicación independientes atacan a la Iglesia Católica porque informan que en los procesos contra la corrupción han aparecido nombres de algunas personas religiosas. Pero, como lo aclaró ayer el presidente Bolaños: “Ésta es una lucha contra los corruptos. No es una lucha contra personas en particular”, un concepto que nosotros compartimos plenamente.
Por otro lado, el presidente Bolaños se refirió a la necesidad de tener en Nicaragua “un Poder Judicial incuestionable”. En realidad, una justicia independiente de los partidos políticos es absolutamente indispensable no sólo para librar con éxito y con los menores costos posibles la lucha contra la corrupción y los corruptos, sino también porque prácticamente todos los grandes problemas nacionales comienzan con la falta de justicia y terminarían con una recta administración judicial.
Como hemos dicho en otras ocasiones, para luchar efectivamente contra la corrupción es necesario que haya una prensa libre, un gobierno decidido a castigar a los corruptos, una administración de justicia independiente y una opinión pública dispuesta a apoyar el saneamiento del ejercicio del poder y la administración gubernamental.
Es evidente que tres de esos cuatro factores fundamentales para la lucha exitosa contra la corrupción existen actualmente. Pero falta el de una justicia independiente de los partidos políticos y de los líderes corruptos que pactaron en el pasado para mediatizarla y someterla a sus particulares intereses.
Ahora es el momento de aceptar el reto y la invitación que hizo el presidente Bolaños, de que la elección de 5 magistrados para reemplazar a otros tantos que terminan su período en julio próximo, es una excelente oportunidad para que la sociedad (incluyendo a los partidos políticos, las iglesias, los sindicatos, los ONG, las universidades, las asociaciones de juristas, etc.) escoja a “las mejores personas, las más profesionales, las más probas, las más justas, sin partidarismos, sin compromisos con nadie, solamente comprometidos con la Justicia y la Patria”. Ojalá que así sea.