Un revolucionario del pensamiento social católico

Humberto Belli [email protected]

Pocas cosas son tan indispensables para el progreso de los pueblos como buenas ideas. Sin la brújula que proporcionan las buenas ideas aun las mejores intenciones pueden llevar al precipicio.

Por eso cuando en el caminar de un pueblo se atraviesa un buen pensador, lo que los antiguos llamaban un “sabio,” es importante prestarles nuestros oídos.

Este 18 de mayo disertará en Nicaragua uno de esos talentos: Michael Novak, uno de los más destacados pensadores mundiales en el campo del desarrollo. Él estará recibiendo ese día el Doctorado Honoris Causa que le otorgará Ave María College. La fama de Novak se remonta en gran parte a la publicación de su libro “El Espíritu del Capitalismo Democrático” (1983). Fue comentado por la revista Time, y “The Wall Street Journal” lo consideró como “el tratado más notable y original escrito en los últimos años sobre las raíces del capitalismo moderno”.

Novak, autor de 25 libros en la filosofía y teología de la cultura, ha sido asesor del Papa en sus más recientes encíclicas sociales, y es considerado uno de los autores más influyentes en la nueva doctrina social de la Iglesia. Su inquietud por el tema de la pobreza lo llevó a estudiar a fondo el capitalismo, no para denunciarlo, como tantos otros han hecho, sino para desentrañar sus secretos. Un mensaje central de Novak es que si queremos hablar con autoridad y conocimiento de causa sobre cómo erradicar la pobreza, debemos escudriñar el sistema económico que más éxito ha tenido en crear riqueza.

Indagar las causas de la riqueza tiene más sentido, insiste Novak, que indagar las causas de la pobreza. La pobreza no es el fenómeno nuevo. En el año 1800 la pobreza reinaba en todos los que hoy son países ricos. El hambre y las pestes hacían que la expectativa de vida en Europa fuera inferior a los treinta años. En Francia cuatro quintas partes de la población gastaban el 90 por ciento de su ingreso en sólo comprar pan de trigo. Lo que es nuevo es la riqueza sin precedentes creada en los últimos doscientos años. Hoy los sectores más pobres de los países desarrollados viven casi tres veces más tiempo que antes, lo hacen en forma incomparablemente mejor, y tienen ingresos promedios superiores a la clase media del resto del mundo.

En su interés por entender a fondo las causas del milagro económico occidental, Novak diverge de muchos intelectuales y líderes católicos preocupados por la cuestión social, quienes, en su opinión, han caído en una fascinación con la ética distributiva, mientras ignoran las leyes del desarrollo, el crecimiento y la producción. “Muchos reducen apresuradamente toda la moralidad a la moralidad de la distribución. Exigen empleos sin comprender cómo los empleos son creados. Exigen la distribución de los bienes de la tierra, sin la más mínima idea de cómo se puede expandir el inventario de los bienes disponibles. Desean fines sin un conocimiento crítico de los medios”.

Cuando la atención del estudioso interesado en erradicar la pobreza emigra del cómo distribuir al cómo producir, el capitalismo democrático emerge como una experiencia extraordinariamente enriquecedora. Uno de los aportes más interesantes de Novak, al respecto, es detectar que el capitalismo es mucho más que mercados libres, propiedad privada y ganancias. Esos elementos, nos dice, también han existido en las economías pre modernas. Lo original del capitalismo moderno es su descubrimiento de que la causa primera del desarrollo es la mente. Esto lo refleja su propio nombre. Capitalismo viene del latín “caput”, cabeza (capital) o mente. Su característica principal es ser un sistema de instituciones diseñadas para liberar la creatividad de la mente humana. De allí procede su fertilidad histórica. “La causa de la riqueza”, nos dice Novak, “es la invención, el descubrimiento y la empresa”.

Ecos de esta visión están reflejados en la sonada encíclica Centesimus Annus (1991), en la que Juan Pablo II elogió “un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de los negocios, del mercado y de la propiedad… así como de la libre creatividad humana en el sector económico”. El Papa aludió, asimismo, al “derecho a la iniciativa económica personal”, e insistió en que el hombre mismo, en cuanto su inteligencia, creatividad y diligencia, es el principal recurso de las naciones.

No hay duda de que las investigaciones de Michael Novak han tenido un impacto muy significativo en la Iglesia y el mundo pensante occidental. Para nosotros, nicaragüenses, que hemos sufrido en carne propia los estragos causados por ideas equivocadas, es deseable que las buenas ideas sean conocidas y discutidas. Como el mismo Novak expresara, citando a Pascal, “la primera obligación moral es pensar claramente”.

El autor es presidente de la Universidad Ave María College y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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