La ONU equivocada sobre la pobreza y desigualdad

Robert J. BarroAIPE

CAMBRIDGE, MASSACHUSETTS.— Según las Naciones Unidas, la creciente pobreza y desigualdad son las dos mayores amenazas económicas del mundo, mientras que la globalización y la expansión de los mercados son en gran parte culpables de eso. Por ejemplo, el Informe de Desarrollo Humano de 1999 dice: “Cuando el mercado llega demasiado lejos, determinando los resultados sociales y políticos, las oportunidades y los premios de la globalización se reparten con desigualdad e inequidad. La última década ha mostrado una creciente concentración de ingresos, recursos y riqueza”. En respuesta a lo que considera una seria amenaza, la ONU propone mejorar el ejercicio del gobierno, es decir, darle mayor poder a las organizaciones internacionales. Pero antes de optar por más gobierno mundial, debemos explorar los hechos verdaderos respecto a la desigualdad.

Primero, pobreza y desigualdad son dos conceptos muy diferentes. La pobreza se refiere al número de personas cuyos ingresos están por debajo de un nivel de vida mínimo. Para tener significado, ese estándar debe mantenerse fijo a través del tiempo. Dos umbrales económicos utilizados son uno o dos dólares diarios de 1985. En dólares de hoy en día, tales normas significan ingresos anuales per cápita de 500 o mil dólares.

Medida así, la pobreza mundial se ha reducido dramáticamente en los últimos 30 años. En una investigación aún no publicada. “La distribución mundial del ingreso” (Universidad de Columbia), Xavier Sala-i-Martin, estima que la cantidad de gente en extrema pobreza —bajo un dólar diario— disminuyó de 550 millones o 17 por ciento de la población mundial en 1970, a 350 millones o 6,7 por ciento de la población total para fines de los años 90. Aquéllos en el nivel de 2 dólares diarios disminuyeron de 1,300 millones de personas, o 41 por ciento de la población, a 970 millones o 19 por ciento de la población. Así vemos que en los últimos 30 años la pobreza mundial ha disminuido dramáticamente, lo contrario de lo que la ONU sostiene.

En cuanto a desigualdad, podemos dividir el cambio experimentado en dos partes. El primero contempla la desigualdad interna en cada país, y, la segunda, la desigualdad experimentada entre diferentes países. La desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años en varios países, incluyendo a Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y China. Considerando al mundo entero y dándole mayor peso a los países más poblados, Sala-i-Martin muestra que este factor implica un pequeño incremento en la desigualdad, pero mucho más importantes son los cambios logrados tomando en cuenta el panorama mundial.

Primero vemos que las diferencias en el ingreso promedio han aumentado desde 1970. Por ejemplo, la diferencia proporcional entre los ingresos per cápita más altos (Estados Unidos y Europa occidental) y los más bajos (África al sur del Sahara) aumentó. Sin embargo, este cambio fue más que compensado por el aumento de los ingresos en los dos países más poblados, China y la India. China, que ahora tiene el 21 por ciento de la población del mundo, ha crecido rápidamente desde 1978. Y la India, con 17 por ciento de la población mundial, ha crecido rápidamente desde 1990. Como estos dos países eran pobres en los años 70 y ahora tienen el 38 por ciento de la población del mundo, su rápido ascenso económico significa una rebaja sustancial de la desigualdad mundial.

La ironía es que el continuado crecimiento rápido en China y la India en la próxima década aumentará la desigualdad mundial. Esto se debe a que esos dos países continuarán acercándose a las naciones más ricas y alejándose de las más pobres en África. Claro que el problema no es el rápido crecimiento en China y la India, sino el estancamiento de África.

Como China y la India tenían gran parte de su población en la pobreza en los años 70, su rápido crecimiento es un factor clave en la reducción de la pobreza mundial. Los sucesos en otros dos países grandes también influyeron mucho: rápido desarrollo en Indonesia hasta 1997 y el desastroso crecimiento negativo en Nigeria. Los éxitos alcanzados en Asia significan que la pobreza mundial se concentra ahora en África. Sala-i-Martin estima que para fines de los años 90, el 66 por ciento de aquéllos con ingresos por debajo de un dólar diario vivían en África, al sur del Sahara. En 1970 representaban sólo el 11 por ciento. Al nivel de dos dólares diarios, los porcentajes son 38 por ciento y 11 por ciento. Esto significa que reducir la pobreza mundial requiere mayor atención a los pobres de África. Dado el bajo ingreso promedio en África, la redistribución del ingreso no es la respuesta. La solución tiene que enfocarse en lograr el crecimiento económico.

El Informe de la ONU debiera basarse en una mejor comprensión de los hechos tras la pobreza mundial y la desigualdad. Es incorrecto decir que la pobreza y la desigualdad han estado aumentando en el mundo durante los últimos 30 años, para luego atribuirlo a fenómenos ficticios de la globalización y de la expansión del mercado. Estas mal basadas observaciones, provenientes de una fuente supuestamente respetable, proveen de falsos argumentos a los enemigos de la globalización, quienes suelen estar también en contra del desarrollo económico. La “globofobia” ni ayudará a reducir la pobreza mundial ni fomentará el crecimiento económico de los países más pobres.

Profesor de economía de la Universidad de Harvard y académico de Hoover Institution.

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