Oportunidad para decidir

Jorge [email protected]

Esta noche en su residencia, el diputado liberal, Alfonso Ortega Urbina, le ofrece al presidente Enrique Bolaños una cena “de desagravio” por el desaire que le hiciera la semana antepasada un grupo de diputados del PLC. Se recordará que el presidente había invitado a cenar en su casa de habitación a los diputados liberales de los departamentos de Chinandega, León, Carazo, Granada, Masaya y Rivas, y que éstos, en un gesto de suprema descortesía y de abyecta sumisión a Arnoldo Alemán, no asistieron. El diputado Ortega Urbina ha manifestado que esta noche “asistirán mis colegas y amigos de la bancada liberal”. ¿Asistirán todos, incluyendo a Alemán? ¿Qué es lo que se pretende lograr en la cena? ¿Resultará una reunión meramente social? No tengo ni la menor idea, pero sí creo que es una buena oportunidad para que el presidente Bolaños hable claro con sus correligionarios que, hasta el día de hoy, han cerrado filas en torno al diputado Arnoldo Alemán.

No me sorprende en absoluto que los diputados rojos sigan apoyando al mandamás de su partido. Recordemos que Alemán los escogió, precisamente, por su capacidad de obedecer ciegamente sus órdenes y sus caprichos. De todos es sabido que Alemán pretendía —y aún pretende— “seguir mandando” desde su cargo de presidente de la Asamblea Nacional. Para el logro de tan malsano propósito, Alemán cuenta, además, con un gran aliado: Daniel Ortega y la bancada sandinista. La razón es sencilla: A Ortega y a los sandinistas les conviene que Alemán esté presente en la presidencia del Parlamento, debido a que con él se entienden, negocian y pactan, y porque su pésima imagen ante la ciudadanía permite a los diputados sandinistas sentirse como castos angelitos.

Pero Alemán tiene ahora un grave problema: Enrique Bolaños. Por lo visto, el ex presidente no esperaba encontrarse con un Presidente de la Republica dispuesto no sólo a ejercer con dignidad y firmeza el cargo que la ciudadanía le confió, sino también a cumplir su promesa de campaña de combatir la corrupción. A Alemán, por lo tanto, no le ha quedado más recurso que recurrir a su sempiterno socio, Daniel Ortega, para juntos buscar el medio más expedito de castrar a la Procuraduría de Justicia, a fin de que ésta no pueda actuar eficazmente en la lucha contra la corrupción. Ni a Alemán ni a Ortega les conviene que exista una institución con el poder de acusar y de iniciar juicios y que no esté bajo su control mancomunado.

Eso es entendible. Lo que resulta inconcebible es que los diputados liberales no se hayan percatado, todavía, de que el futuro de su partido depende del éxito que tenga la Administración Bolaños, la cual debería contar con todo el apoyo de la bancada roja, no sólo en la aplicación de su programa de gobierno, sino también en su lucha contra la corrupción. Esto último, sin embargo, no es posible lograrlo con la presencia de Arnoldo Alemán en la Asamblea. Pensar en una unión de Bolaños y de Alemán en la lucha contra la corrupción resulta un completo contrasentido, ya que este último se ha convertido en el símbolo mismo de lo que el Presidente y la mayoría de la sociedad pretenden combatir.

Pero nunca es tarde, y entre más pronto se haga lo que hay que hacer, tanto mejor. Alemán debe dejar la presidencia de la Asamblea Nacional y dejar libre a la bancada liberal para que le brinde su apoyo al presidente Bolaños en las grandes tareas que tiene por delante. Los diputados del PLC no pueden darse el lujo de perder la oportunidad de cooperar con un presidente que le está devolviendo su dignidad a la nación. Cualquiera puede construir un puente o una carretera, pero no cualquiera puede encender en el corazón de la ciudadanía una llama de esperanza a como lo ha hecho el presidente Bolaños.

En política no caben milagros, sólo decisiones racionales e inteligentes. Los diputados liberales que lleguen esta noche a la cena tendrán la oportunidad de conversar francamente con el presidente Bolaños. En el fondo, sin embargo, deben estar claros de que las opciones se reducen a dos: o aferrarse al pasado de autoritarismo y corrupción, lo cual significa continuar plegados a la voluntad enfermiza del diputado Alemán, o sacudirse ese pesado fardo y apoyar con entusiasmo los planes que el presidente Enrique Bolaños tiene de forjar una Nicaragua más digna y con bienestar para todos. Los diputados liberales tienen la palabra.

El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.  

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