Sor María, un puente de unión entre dos naciones

Manina Noguera Belli

Unos 400 nicaragüenses y 3,000 costarricenses aproximadamente, tuvimos la dicha de viajar a Roma, Italia, para presenciar la beatificación de Sor María Romero (1902-1977), junto a cuatro religiosos italianos, Gaetano Errico (1791-1860), Ludovico Pavóni (1784-1849), Luigi Variara (1875-1923), Artemide Zatti (1881-1951) y la argentina, María del Tránsito de Jesús Sacramentado (1821-1885).

En esa mañana nublada del domingo 14 de abril, unas 200 mil personas nos desplazamos hasta la Plaza de San Pedro desde muy tempranas horas, acto que se destacó por el fervor de sus asistentes, el arte que caracteriza a esta bella ciudad, un estricto orden y protocolo. Al evento asistieron obispos, cardenales, delegaciones costarricenses, nicaragüenses, argentinas e italianas, devotos y espectadores.

Esa mañana, Monseñor Arrieta de Costa Rica, solicitó ante el Papa Juan Pablo II, la beatificación de Sor María Romero, finalizando su discurso con estas palabras “que Sor María Romero sirva de puente de unión y amor entre dos naciones, Nicaragua y Costa Rica”. Posteriormente el Papa Juan Pablo II, celebró la eucaristía y el rito de las seis beatificaciones.

En este mundo nada se mueve por casualidad. Sor María Romero nació y murió en su país natal Nicaragua, sin embargo, sus mayores obras se realizaron en Costa Rica. Las palabras de Monseñor Arrieta, deben haber sido el principal deseo de Sor María; su vida y entrega a través de sus obras, deben servir de ejemplo para los costarricenses y nicaragüenses.

Al ser enviada a Costa Rica en 1931, “Sor María Romero da vida a grandiosas obras sociales especialmente en Costa Rica. Conquista para su misión apostólica a las jóvenes alumnas que se vuelven misioneras, en los pueblitos de los alrededores de la capital entre niños semiabandonados y familias desheredadas. Luego, adultos adinerados, empresarios adinerados y renombrados profesionales quedan conquistados por su devoción mariana que obtiene gracias precipitosas y se sienten por lo tanto comprometidos a colaborar a las iniciativas asistenciales que Sor María, bajo la acción del espíritu, va proyectando continuamente con la audacia de la más auténtica fe en la Providencia”, indicó un manual en el acto de beatificación.

Entre sus oraciones, Sor María expresaba: “Haz que pueda arrancar las espinas de todos los corazones oprimidos, devolver la paz a todos lo que la han perdido, cubrir con el manto de la caridad a todos los pobres pecadores y derramar por doquiera, refrigerio, descanso, bienestar y calma”, no sin antes pronunciar sus bellísimas palabras: “Pon tu mano, Madre mía, ponla antes que la mía”.

En este mes de las madres, quisiera agradecerle a mi madre, en nombre de mis hermanas y cuñada, el habernos brindado la oportunidad de asistir y compartir momentos maravillosos e inolvidables juntas, para presenciar, no solamente el hecho de una beatificación, sino para conocer más a fondo a una intercesora de todos en los cielos.

La autora es administradora de empresas.  

Editorial
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