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BARCELONA.- Los ciudadanos europeos tendrán que elegir, tarde o temprano, entre más seguridad o libertad, pero ya los grupos neofascistas aprovechan esa incertidumbre para buscar adeptos y tratar de conseguir representación en parlamentos y gobiernos.
El síndrome de la inseguridad, consecuencia de los ataques terroristas del 11 de septiembre, ha provocado en Europa el rechazo a inmigrantes y acciones violentas, como el asesinato de Pim Fortuyn, quien era candidato a las elecciones generales de Holanda que se celebrarán este miércoles.
Da la impresión de que los extremistas, tanto de derecha como de izquierda, han cobrado fuerza en Europa, mientras la clase media moderada parece un poco dormida.
Fortuyn había sorprendido en marzo cuando, al frente del partido Leefbaar Rotterdam (Rotterdam Habitable), consiguió la mayoría de votos de esa ciudad atacando a la inmigración musulmana. Para las elecciones de este 15 de mayo, las probabilidades de Fortuyn eran mejores, en parte avivadas por el auge del extremista de derecha francés, Le Pen.
En Francia, izquierdistas y moderados se unieron contra Jean Marie Le Pen, quien fue derrotado en las elecciones del 5 de mayo por el conservador Jacques Chirac que obtuvo el 81 por ciento de los votos. Los medios de prensa europeos destacaron que los franceses habían votado contra el neofascismo.
Tres días después los periódicos informaban que un hombre de 80 años, con ideas racistas y decepcionado por la derrota de Le Pen, había matado a tiros a una pareja de origen árabe en Bruselas.
Ahora en Holanda existe la posibilidad de que el partido Leefbaar Rotterdam consiga una buena posición en los comicios de este miércoles, si logran proyectar a Fortuyn como un mártir.
Los neofascistas aprovechan el miedo de sectores europeos a peder bienestar y seguridad, instándolos a rechazar a los inmigrantes que les pueden quitar puestos de trabajo y tranquilidad. Lo sorprendente es que esos discursos xenófobos han influido hasta personas que fueron víctimas del nazismo, en campos de concentración, porque algunas de éstas apoyaron a Le Pen en Francia.
El rechazo a Le Pen también vino de diferentes sectores, porque la organización empresarial más fuerte de Francia, el Medef, advirtió que si el extremista llegaba al gobierno el país sufriría un desastre, explicando que era inaceptable la preferencia que le quería dar a los nacionales en el acceso al empleo, contra los inmigrantes, porque éstos vienen a realizar labores que los franceses no quieren hacer.
La Comisión Europea propuso a los quince estados de la unión la creación de una policía de fronteras para luchar contra la inmigración indocumentada, mientras una red de organizaciones no gubernamentales (ONG) demanda que así como la libre circulación de mercancías es un hecho, la libre circulación de personas debe ser parte de la liberalización.