En un discurso que pronunció en Somoto, departamento de Madriz, el presidente Enrique Bolaños aseguró que: “Si no ganamos la batalla contra la corrupción, será imposible ganar la guerra contra el desempleo y la pobreza.” Esas palabras del primer mandatario de la nación evidencian su compromiso en la lucha contra la corrupción y también su comprensión de la estrecha relación que existe entre corrupción y desarrollo.
En realidad, la corrupción frena el desarrollo, o al menos lo retarda, y tiende a concentrar en pocas manos lo poco que se pueda lograr. De ahí que sea sumamente importante luchar contra la corrupción, aunque debemos estar claros de que ese flagelo de la sociedad no desaparecerá con el simple —aunque justo— encarcelamiento de algunos funcionarios notoriamente corruptos de gobiernos anteriores.
El problema de la corrupción es mucho más profundo, y para combatirlo a fondo es preciso comprender qué la provoca, así como tener voluntad y decisión de implementar reformas y medidas que, preferiblemente, la prevengan, o que la penalicen cuando se practique. La tarea no es fácil ni alcanzable de la noche a la mañana. Algunos países desarrollados, como Inglaterra, por ejemplo, lucharon durante más de un siglo para controlarla. Otros, sin embargo, como Hong Kong y Singapur, han transitado con bastante rapidez el camino que los ha llevado del punto en el que eran considerados como notablemente corruptos, al de ser vistos como relativamente limpios de corrupción.
Un artículo escrito en 1998 por Cheryl W. Gray y Daniel Kaufmann, del Banco Mundial, señala que una encuesta hecha entre más de 150 funcionarios públicos de alto nivel en 60 países en vías de desarrollo, encontró que la corrupción en el sector público es el más severo impedimento para su crecimiento económico. Por otra parte, en declaraciones que dio a LA PRENSA esta semana (publicadas en el Suplemento de Economía del miércoles), el Subsecretario de Estado de Finlandia para la cooperación externa, Pertti Majanen, señaló que “si hay corrupción, en el país no hay desarrollo. El ambiente para las empresas no es apropiado y los costos los pagan los pobres…”
Parte del éxito logrado en la lucha contra la corrupción en países como Chile, Bostwana, Malasia, y otros, es atribuible a la existencia de organizaciones supervisoras de la sociedad civil que operan independientemente de los gobiernos. En Nicaragua, la organización Ética y Transparencia —que se ha dedicado a supervisar los procesos electorales— anunció esta semana su deseo de trabajar en la lucha contra la corrupción mediante el monitoreo de los procesos judiciales y las licitaciones en las compras del Estado. Esta iniciativa debería ser apoyada ampliamente por la sociedad nicaragüense, pues los recursos que maneja el Estado son proveídos o pagados por la ciudadanía, y ésta tiene todo el derecho de asegurarse de que sean bien manejados.
Pero es importante tener presente que lo que piensa hacer Ética y Transparencia, aunque deseable, no es suficiente. La corrupción es un síntoma de causas económicas, políticas e institucionales, y si deseamos ganarle la partida debemos hacer muchas otras cosas más. De fundamental importancia es la reforma del sistema judicial, pero también es necesario reducir el tamaño del gobierno mediante la liberalización de la economía. Como bien señala la revista The Economist: “Un gobierno limitado, de seguro, no es necesariamente limpio, pero uno ilimitado, la historia lo sugiere, nunca lo es.” Y agrega la prestigiosa revista: “…derrotar la corrupción en una economía penetrada de mecanismos que suprimen el funcionamiento del mercado, donde la recompensa a la ilegalidad es alta, resulta sumamente difícil”. Entre más grande es el gobierno, menor es el grado de la libertad económica y mayor el poder de los funcionarios públicos; el ambiente perfecto para la corrupción.
Es por eso que para triunfar en la lucha contra la corrupción, Gray y Kaufmann recomiendan una larga lista de reformas políticas y económicas, que tienen mucho que ver con la liberalización de la economía, como la baja de aranceles y de otras barreras al comercio internacional, eliminación de subsidios, minimización de regulaciones y de requerimientos de permisos y licencias, etc.
Entre mayor sea la comprensión de cómo se genera la corrupción, mayores serán las posibilidades de triunfar sobre ella.