Crisis del PLC es profunda pero ventajosa

Emilio Alvarez Montalván*

Es evidente que la disputa interna del PLC, sigue aumentando. Lo cierto es que hay de nuevo en ese Partido las dos corrientes que siempre han existido en las llamadas “paralelas históricas” (liberales y conservadores). En esta ocasión llamaremos “tradicionalista” aquella tendencia que se empeña en mantener a su cúpula con los privilegios que nuestra cultura política le otorga. Me refiero a entregarle al caudillo y su círculo un poder absoluto, se encuentre en el poder o en la llanura y que aquél ejerce con su carisma, entregándose a tiempo completo a apacentar su rebaño, dispensando premios y castigos según se comporte su clientela…

La segunda corriente que compite con la anterior y que llamaremos esta vez “reformista” se identifica con la fuerza democratizante que viene barriendo a nivel mundial entre otros vicios, la corrupción funcionaria (asimilada al terrorismo), que impide el desarrollo, desacredita al Partido gobernante y retrae la ayuda extranjera. A esa tarea le agrega el actual Presidente de la República, un refrescante contenido ético, que anima al aparato judicial a descubrir y castigar a los defraudadores del erario público. Si bien este grupo tiene el poder moral dado por el 90 por ciento de los ciudadanos y la simpatía de los medios de comunicación, la sociedad civil y la comunidad internacional, es la verdad que el poder fáctico (Asamblea, Corte Suprema, Contraloría, Consejo Electoral, Fiscalía) sigue por ahora bajo control de los “tradicionalistas” lo que hace que el juego se mantenga en un precario equilibrio.

Hay no obstante una tercera fuerza que permanece ambigua. Nos referimos al FSLN que se mantiene agazapado, esperando cuál de los dos competidores muestra mayores probabilidades de triunfo para negociar con aquél. En todo caso creemos que esta crisis que atraviesa el PLC le será provechosa, si ganan los “reformadores” porque saldrá depurado y modernizado. Es una experiencia renovadora que no tuvo el FSLN cuyos disidentes no lograron proponer una causa compartida con la opinión pública, más allá de la lucha interna por el poder. Esta clarificación en que se halla el liberalismo involucrará cambiar su modelo caudillesco, ojalá sin pasar por un desgastador forcejeo entre los aspirantes a heredar el mando del Partido. De todas maneras, hoy por hoy, esa investidura corresponde al Presidente de la República, a su vez Presidente Honorario de aquel conglomerado.

El peligro reside en que esta crisis política se prolongue, pues se juntaría con la socioeconómica situada a la vuelta de la esquina y que encontraría al Ejecutivo sin liquidez, lleno de promesas de ayuda externa y rodeado de demandas (fuerte desempleo, ajuste de salarios, crisis cafetalera), y exigencias del FMI, BM y BID, un escenario poco atractivo a los inversionistas. No obstante hay hechos estimulantes como las últimas sentencias judiciales, que terminan con la impunidad donde quiera que se encuentre. Felizmente el tiempo está a favor de los “reformistas” siempre y cuando el líder mantenga la presión.

* El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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