Edgard Tijerino M. [email protected]
¿Queríamos ver a Vicente Padilla bateado fuertemente para descubrir si tenía la combinación de agallas y recursos para reaccionar con vigor? Pues bien, eso ocurrió el domingo, y volvió a asombrarnos, como para despejar todo tipo de dudas sobre su crecimiento, su establecimiento y su dimensión.
Los 32,411 aficionados en el Estadio de los Veteranos, atraídos mayoritariamente por ese nuevo astro de la colina, no terminaban de acomodarse en las butacas con sus hot dogs, cuando Padilla estaba a punto de explotar.
Un doble, un infield hit, otro doble y un jonrón, le permitieron a los Rockies fabricar cuatro carreras en un rápido y efectivo operativo… De inmediato sonaron todas las alarmas y las luces rojas se encendieron, mientras el coach de pitcheo Vern Ruhle y el manager Bowa se miraban aturdidos.
“Vamos, levántate y pelea”, le gritó Angelo Dundee a un Muhamad Alí derribado en el ring del Garden, víctima de ese terrible gancho de izquierda de Frazier en 1971… “Vamos, hay que seguir, esto apenas comienza”, le dijo al oído, cuando Norton le fracturó la mandíbula desde muy temprano… Y en ambos casos, “El Profeta” reaccionó, mostrando su carácter y su grandeza… Así, exactamente, respondió Padilla.
Quizás pensaron quitarle la pelota porque lo habían adelantado en la rotación para cubrir el vacío dejado por Robert Person lastimado, pero esa mirada fiera, esos dientes rechinando rabiosamente y esa mano crispada queriendo exprimir la pelota después que Todd Zeile le dio la vuelta al cuadro, le dijeron mucho tanto a Ruhle como Bowa… “Mírenme, me muevo y puedo resucitar”, debe haberles dicho el pinolero.
Y a partir de ese instante, los Rockies desaparecieron… El botín de 4 carreras no fue suficiente, porque mientras Padilla construía 5 ceros, los Filis resurgían ofensivamente contra el tirador de 15 millones Mike Hampton.
“Sólo puedes someter a prueba tu carácter frente a la adversidad”, decía Séneca, y Padilla lo había escuchado en algún lado.
Frente a la oportunidad que le ofrecieron para “resucitar”, Padilla dejó que su brazo hablara… Y realizó un trabajo de arquitectura como el de Bramantes en el Vaticano, cortando el plato desde diferentes ángulos, variando velocidades, ejerciendo dominio.
La confirmación del gran momento por el que está atravesando, después de haber sido bruscamente mortificado.
¡Bravo, Vicente! ¡Qué inmenso se te vio! Como un oleaje cayendo encima de los bateadores de Colorado, hasta devorarlos dramáticamente… No parece ser un abridor joven en etapa de adaptación, porque su calma le permite ajustarse, aun después de un asalto como el que sufrió en el primer inning.
Eso hizo diferente su cuarta victoria… Cierto, logró impresionar tanto como en cada una de sus otras seis aperturas, todas de calidad, pero estuvo atrapado por las dificultades desde el propio arranque… Y como Juantorena en aquella fantasiosa carrera del 82, viniendo espectacularmente desde muy atrás para derrotar a Seymor Newman, Padilla terminó imponiéndose 7 por 4.
El muchacho, también sabe resucitar… Lo demostró el domingo robándose una vez más nuestra admiración.
LLEVA 38 CEROS
A lo largo de 47 entradas, Vicente ha dibujado 38 ceros… ¿Qué les parece? Lo hemos visto acercarse a una blanqueada con 8 argollas ante los Rojos y llegar al sexto inning lanzándole perfecto a los Gigantes.
El total de 38 ceros en sólo 7 inicios tiene un gran significado y nos permiten entender el nivel de su dominio.
Sus 41 ponches nos hacen pensar en la posibilidad de verlo superar la barrera de los 200 con relativa facilidad, y se ve viable que obtenga más de 15 triunfos.
Su próxima apertura será contra los Cascabeles de Arizona y el fenomenal Randy Johnson, un zurdo ganador de 4 Premios Cy Young.