El desempleo y los salarios en el Estado

Mayra Cristina López ¿Por qué hay tanta injusticia en la vida? Me imagino a un abogado que devenga un salario aproximado de setenta millones de córdobas… ¿se ha preguntado a cuántos abogados en el desempleo hubieran dado trabajo con ese salario? Pagando a cada uno un salario módico de unos 15 mil córdobas. Lo suficiente […]

Mayra Cristina López

¿Por qué hay tanta injusticia en la vida? Me imagino a un abogado que devenga un salario aproximado de setenta millones de córdobas… ¿se ha preguntado a cuántos abogados en el desempleo hubieran dado trabajo con ese salario?

Pagando a cada uno un salario módico de unos 15 mil córdobas.

Lo suficiente para pagar las necesidades básicas de una pequeña familia de cuatro personas, sin tomar en cuenta lujos y diversión.

Hablando también de familias de cuatro personas, más o menos todos profesionales, imaginemos cuántos jefes de familia hay en el desempleo, cuántos matrimonios e hijos buscan un trabajo digno y honrado sin encontrar una respuesta positiva.

En cambio, hay núcleos de familias que están todos empleados, algunas familias trabajan todos los de la casa, logran un salario mensual de unos 12 mil córdobas para poder saldar sus cuentas.

Otros miembros de una misma familia muy cómodamente trabajan todos; el padre y la madre, con salarios mensuales aproximados de más de dos mil dólares cada uno, por otro lado sus hijos también tienen un buen salario que sobrepasa los ocho mil córdobas, si se suma ese dinero convirtiéndolo en córdobas se dará cuenta que hay una gran desproporción y desigualdad en cuanto a los salarios.

Ahora bien, hay que preguntarse: ¿por qué unos tienen derecho a devengar salarios de hasta más de treinta mil córdobas y otros no llegan a los diez mil, y a veces en las mismas instituciones del Estado y con la misma preparación académica? Algunas personas opinan que se debe a que a unos son jefes y otros no. Yo diría que muchos jefes conocen menos de la materia tratada y trabajan menos que sus subalternos. Hay jefes que aplican este refrán: “Date fama y échate a dormir”.

Alguien podrá decir con afán de defenderse: “He contratado personal que únicamente tienen maestría y ellos merecen ser bien pagados”.

Yo respondo: se olvidan de otros estudios académicos y de que, además, la experiencia laboral es a veces más que una maestría.

Los ministros y demás autoridades del Estado deben analizar lo antes escrito para ser más equitativos.  

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