Carlos René Ramírez
El Estado de Israel fue creado por las Naciones Unidas en 1948, y debemos recordar que no tuvo el apoyo inicial de Estados Unidos de Norteamérica y mucho menos del mundo árabe. Antes de esta fecha y debidamente planificado por el sionismo, compraron masiva y aceleradamente propiedades urbanas y rurales que posteriormente estarían dentro del perímetro de la nueva nación. Yo estuve en Israel en 1977, y fuimos testigos de la eficiencia y capacidad que tiene el pueblo judío para capacitar y concienciar la diáspora de diferentes países a fin de tener una predisposición uniforme para enfrentar las dificultades y vicisitudes milenarias con los pueblos vecinos, que son sus primos y parientes, pero que visceralmente y por tradición han querido hacerlos desaparecer, sin lograrlo, a pesar de la desigual magnitud de población.
El kibutz, que significa “aldea cooperativa”, es un asentamiento rural de aproximadamente 300 hectáreas donde nacen, viven y trabajan trescientas y hasta cuatrocientas familias. En mi estadía en Israel pude visitar varios kibutzim (plural de kibutz), y tanto el hombre como la mujer del núcleo familiar trabajan en la producción como en el campo administrativo. Los hijos menores son esmeradamente cuidados por enfermeras, médicos, sociólogos etc. en instalaciones especiales, y los padres retiran a sus hijos por la tarde después de sus labores en el campo, y regresan a los niños a las 9:00 p.m. significando que los padres departen intensamente de cuatro a cinco horas diarias con ellos orientándolos y amándolos en mayor proporción que se acostumbra en otras culturas. En el kibutz se elabora mensualmente un calendario de alimentación (desayuno, almuerzo y cena) que consumirán todos los miembros de la aldea en el único comedor que existe y que es atendido por todos en forma escalonada. Tiene un “comisariato” de donde todos los miembros retiran lo que necesitan para su consumo personal, como ropa, zapatos y otros, sin enterar ni un centavo, cargando sus valores a su cuenta personal, que será liquidada cuando al final de la cosecha y su comercialización se conozca el excedente neto del asentamiento y lo que le pertenece a cada uno conforme las horas trabajadas durante el período correspondiente.
La vida comunitaria que se lleva en el kibutz, dentro de una verdadera disciplina, fortalece la eficiencia en el trabajo, y al emplear las modernas técnicas e insumos provocan una excelente productividad. Observé kibutz que producían papa y que la enviaban precocida y en chips a Holanda. La agroindustria es lo más común, y vi producción de flores y otros combinados con posesión de infraestructuras para turismo receptivo con hoteles de cuatro y cinco estrellas manejados totalmente por miembros de kibutz. Es normal oír que el pueblo judío señala que los que viven y egresan de los kibutzim son las personas más disciplinadas de Israel. También se dice que los pilotos de aviones de combate que han nacido y vivido en el kibutz son los mejores del mundo, superando incluso a un similar norteamericano. Indudablemente que la vida en un kibutz es apasionante y única, de tal manera que pude ver estudiantes japoneses empeñados en estudiar el sistema para implantarlo en su país. Es muy difícil, pero sería interesante intentar algo parecido en nuestra querida Nicaragua.
El autor es consultor agrario.