En letra pequeña

Fabián [email protected]

ANORMAL

Qué problema debe tener el doctor Alemán que tuvo que mandarse a hacer un túnel oscuro para movilizarse por la Asamblea Nacional. ¿Este es aquel mismo hombre poderoso, que vociferaba, agredía y manejaba a Nicaragua como su hacienda? No es normal. Es que si el doctor Alemán estuviese con su conciencia tranquila hace rato se habría despojado de su inmunidad para enfrentar la justicia y la opinión pública, y no andaría como rata de alcantarilla temiendo hasta a su propia sombra.

DESCAMPAÑIZAR

Yo creo que la Iglesia Católica merece el mayor respeto de todos nosotros. Sin embargo, ese respeto no la exime de dar las explicaciones necesarias cuando se le relaciona con asuntos “oscuros”, que últimamente se están haciendo demasiado frecuentes para mi gusto. Eso de “campañas malignas contra la Santa Madre Iglesia” ya se ha vuelto muy recurrente como método para sacar las castañas del fuego. Lo mejor es enfrentar los hechos, dar las explicaciones del caso, asumir las responsabilidades que haya que asumir y sobre todo, dejar de andar en esas movidas que, aunque tuviesen buena intención, a la vista pública parecen sórdidas.

ENREDADA

Qué clase de enredada la que se dieron los directivos del PLC al querer trasladar la atención de Arnoldo Alemán hacia Bolaños. No era para nuestra bolsa el dinero robado, era para la campaña electoral, dijeron. ¿No es delito pues? Y, contrario a lo que esperaban, los cañones comenzaron a apuntarles más directamente y sólo les quedó decir que nunca quisieron decir lo que dijeron. A mí me pareció una medida desesperada. Están gastando sus últimos cartuchos.

ROMANCE

Cuidado don Enrique. No le luce andar de arriba para abajo en los helicópteros de don Carlos Pellas tal como lo hemos visto. De esos romances entre capital y poder sólo salen desastres. Cuidado.

IRRESPONSABLES

¿Alguna vez usted ha quedado entre dos buses que van compitiendo por la calles de Managua? ¡Eso es terrible! Se paran, bloquean la vía para que nadie más pase, adelantan contra la vía y vuelven a su carril echándole literalmente el bus encima. Y si tuvo la desgracia de pararse en un semáforo en rojo, el busero lo conminará a lanzarse la luz roja, con escándalo de pito e hijueputazos del ayudante. Esas personas están atentando contra mi vida y la de quienes me acompañan y lo más sensato que se me ocurre es hacerme a un lado para que ellos sigan su camino. ¿Acaso ellos tienen más derecho que yo? ¿Qué debe hacer un ciudadano cuando esto sucede?

ATENTADOS

Una forma de ir controlando estos comportamientos agresivos, se me ocurre, es hacerles escarmentar cuando provocan un accidente. Si nos chocan, no nos conformemos con que nos paguen los daños o peor aún dejarlo ir con “pobrecito, cuánto ganará este pobre diablo…” No; hay que hacerlos resarcir los daños y llevarlos a la cárcel por exposición de personas al peligro. Es que la palabra accidente se queda corta para describir estos hechos. Son atentados. Es como si alguien en pleno uso de razón se pusiera a disparar en la vía pública. Si me hiere ¿es por accidente? ¡Nooo! Igual es con los buseros y taxistas que se le echan encima a uno apostando a que el instinto de sobrevivencia del otro les dejará el camino libre.  

Editorial
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