Porfirio J. Gómez [email protected]
Por los medios nos convencemos del carácter de Jaime Morales Carazo. Él no juega ni bola recia ni bola suave, pero sí trabaja con pinzas y guantes para no ensuciarse las manos, aunque esté jugando basura. El padrino es el hacedor de esta grotesca criatura que hoy es Alemán, labor que le ha llevado no menos de treinta años, desde los tiempos de Indesa.
¿Cuánto le ha costado al país pagarle a Morales Carazo sus jugosos salarios y lujosas comodidades como “asesor”, no para servir al país sino para aconsejar vanamente al ahijado o para útil componedor de desmanes? ¿Por qué hasta hoy quiere aparentar un distanciamiento de las posiciones alemancistas, si Alemán es corrupto desde la Alcaldía?
No conoce a López Toledo, no es amigo de Byron, a lo mejor no sabe quién es Ríos Castellón, etc. Quizás no robó ni estafó, pero desde luego el oportunismo, el tráfico de influencias más los beneficios que brinda la cercanía al poder, no lo hacen menos cómplice dentro de la red de corrupción que se tejiera por doce años alrededor de Alemán.
Y como diputado, ¿quién se siente representado por don Jaime? Así como el compulsivo delincuente don Byron Jerez dejó sus adiposas huellas por todos lados, a Morales Carazo lo delata su vieja manía por enviar “papelitos”. Ahora quiere “arrimarse” al Ing. Bolaños porque él prefiere estar, entre bambalinas, a la sombra del poder para no asolearse.