Los primeros 100 días de Bolaños

Julio Ignacio [email protected]

Los medios informativos arnoldistas, como táctica para distraer la atención de los casos de corrupción, dirigidos por la batuta del jefe máximo, pregonan titulares de que el gobierno de Bolaños no arranca, como si Nicaragua fuera Cabo Cañaveral, y el nuevo gobierno una moderna nave espacial, con instrumentos de navegación sincronizados por la más sofisticada alta tecnología computarizada.

Más bien la dura realidad indica todo lo contrario, pues la situación que encontró el presidente Bolaños, es de ruina institucional, con las fundaciones carcomidas por el comején de la corrupción, con la estructura en malísimo estado, y la tecnología, la calidad de los equipos, y la mentalidad, que componen la nave gubernamental, obsoleta en muchísimas circunstancias, y que más bien se parecen a la chatarra que producía la industria de la desaparecida Unión Soviética, y por eso, la nave no podrá arrancar, si primero, como dicen los americanos, no se implementa un, re-engineering process. Tal vez hasta tengamos que reinventarnos los nicas.

Debemos tomar conciencia de que el beneficio individual que produjo la corrupción y engordó la bolsa de algunos, se obtuvo a cambio de un engaño, y que al final es la sociedad en general la que lo paga, por lo que las practicas corruptas, no solamente vulneran el Estado de Derecho, sino que desperdician los escasos recursos públicos, disminuyen y obstaculizan la inversión, extranjera y domestica, retardan el crecimiento de la economía, minan la gobernabilidad, la confianza ciudadana, y la de los inversionistas, entre otros múltiples efectos negativos. Por lo tanto, no se puede aspirar a otras cosas, como atraer inversiones y producir empleos, sin solucionar primero, el problema de la corrupción y hacer los cambios necesarios a nivel legislativo y judicial.

Un presidente que asume el poder, puede estar decidido a implementar un programa de gobierno integral en el aspecto social y económico, pero si ha heredado una maquinaria gubernamental corrupta, su decisión será contrarrestada y obstaculizada, entre otras cosas, por la falta de compromiso de ciertos funcionarios acostumbrados a las viejas prácticas, o por los electos a desempeñar funciones legislativas vitales, renuentes a impulsar los cambios, como ya vimos con el Código Penal, y las absurdas leyes que han propuesto, como el catorce mes, y otras, todo lo cual impide que el programa presidencial progrese.

El catedrático mexicano Daniel Cosio Villegas, en su clase de sociología en 1923 dijo; —Para conocer es necesario herir—, por eso, parafraseándolo, podemos decir que para cambiar, es necesario romper, romper primero abiertamente con lo malo del pasado inmediato, que engendro la chatarra política, económica, y social que se heredó, y para avanzar al futuro, es necesario exigir, como se hace actualmente desde la cima del Poder Ejecutivo, y declarar clausuradas al espíritu nicaragüense, las prácticas del pasado antidemocrático; el monopolio del poder,el caciquismo,el fraude, la corrupción, el abuso en la administración publica, los terrorismos administrativos como instrumento de represalia política, el clientelismo y el tráfico de influencias; el despilfarro, la impunidad, el favoritismo, la injusticia, y la negativa del funcionario público a rendir cuentas. Una ruptura clara, con las prácticas políticamente incorrectas del pasado, es algo que exige primero la salud del país, antes de poder arrancar.

El autor es jurista.  

Editorial
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