Las bendiciones de Nicaragua

Alejandro J. Gallard-Prió[email protected]

Desde muy joven experimenté los vaivenes de la política nica. Resido en los Estados Unidos desde los 15 años y a los 23 obtuve la ciudadanía americana (estadounidense), ya que no podía viajar por falta de pasaporte nicaragüense, que me había sido anulado por los necios de turno. Con el pasaporte estadounidense obtuve la libertad de viaje y la seguridad ciudadana que desde entonces he gozado: La pragmática realidad del inmigrante que se siente olvidado de su lar nativo.

Pero a pesar de lo dicho y más al pasar de los años, no sólo me siento nica, sino que promociono sus bellezas naturales, inculco amor a todos mis descendientes, amigos, paisanos y no paisanos y estoy siempre presto a servir sin miramiento alguno, en todo lo que sea útil para el desarrollo y bienestar de mi querida Nicaragua.

Hace mas de cinco años presenté en Nicaragua un plan que denominé: “Visite familiares y amigos” (Vifa), un plan de acción para cosechar esa veta bendita de oro, que significa los millones de nicas que residen fuera del lar patrio.

Por razones que no vienen al caso, es hasta ahora que el Instituto de Turismo lo acoge y está tratando de ponerlo en práctica y es por eso que vengo nuevamente a recordar lo que este plan significa, ya que no sólo involucra el desarrollo turístico del país, sino el acercamiento político y social del nicaragüense de afuera con el de adentro, cuya meta es el mejoramiento del estándar de vida de todos.

Para lograr estas metas, es necesario que incentivemos al nica que reside en el exterior, por largos lustros ignorado, es necesario que eliminemos su discriminación, su calificación de extraños, de ciudadanos de segunda clase, es indispensable que los atraigamos con el sincero afecto que le brindamos al extranjero (los nicaragüenses somos famosos por nuestra debilidad afectiva hacia el extraño), debemos legislar para que obtengan y gocen de los mismos derechos civiles de los que nunca han tenido que abandonar su casa, su pueblo, sus amigos, para que tengan las mismas obligaciones, para que puedan compartir la responsabilidad ciudadana de elegir a sus gobernantes, de poder ser llamados a servir y sacrificarse por la Patria nativa, de involucrarse y comprometerse con sus problemas, de compartir sus logros y triunfos.

Solamente así, tendremos una fuerza humana, unos ciudadanos que sin necesidad de hacer uso de las facilidades educativas y centros asistenciales y de salud, contribuyan al desarrollo del país de todos.

El nica que reside en el exterior no tiene por qué solicitar reconocimiento, se le debe ofrecer, así como se le debe dar todas la facilidades para que se integre a la vida nacional, sin miramientos partidistas, estableciendo oficinas especiales, aparte de las embajadas y consulados o dentro de ellos mismos, con personal idóneo, para que se procesen las cédulas de identidad, los pasaportes y ofrecerles asimismo la oportunidad de ingresar al sistema del Seguro Social, así como al sistema de Ahorro de la Banca Nacional. Se debe activar el registro para poder ejercer el voto, el cual se puede hacer por correo o depositando el voto en sobre sellado en las oficinas antes mencionadas, para ser enviadas a Nicaragua con debido tiempo al Consejo Supremo Electoral.

Este es un programa a largo plazo, no es posible realizar lo que hemos ignorado por toda nuestra vida republicana, de la noche para la mañana, pero algún día tenemos que comenzar a promover la mayor riqueza que tiene Nicaragua: sus hijos residentes en el exterior.

Nicaragua tiene que invertir, quizás la mas importante inversión que haya realizado en su historia, asegurándose que sus hijos y los hijos de sus hijos, sigan queriendo a su Nicaragua, sigan contribuyendo a su desarrollo, sigan ayudando a sus familias con remesas millonarias, las cuales contribuyen al progreso de una Nicaragua, que hoy por hoy tiene olvidada a una de sus bendiciones, los nicas que residen en el exterior.

México, El Salvador, República Dominicana, Colombia, Perú, para mencionar solamente algunos de los países hermanos, donde el paisano de afuera, es parte integral de su vida política, social, económica y por sobre todo, es un orgullo nacional.

El autor es nicaragüese residente en EE.UU.  

Editorial
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