Ronald Ortiz R.
La corrupción la paga el pueblo trabajador, es un tiempo que en realidad se pierde retrasando programas de desarrollo, todos salimos perjudicados a excepción de unos cuantos que sí se benefician. No podemos ser un país rico y próspero si el capital se utiliza en forma improductiva.
Bajo un sistema corrupto el empresario se ve forzado por el gobierno a aumentar sus costos pagando más impuestos que son innecesarios, por tanto tampoco pueden pagar mejores salarios. Se afecta el nivel de vida de toda una sociedad.
El gobierno actual ha planteado una opción nacional sobre la base de administrar correctamente el país, lo que de hecho implica sacudir fuertemente el tapete y que los ídolos de barro enriquecidos ilícitamente sean llevados ante la justicia.
Es necesario tener un ambiente macroeconómico muy saludable para motivar a invertir al empresario nacional y atraer inversión extranjera diversificada. Debe haber apertura de información para saber qué es lo que el Gobierno está haciendo. Esto permite combatir la corrupción desde una óptica más técnica y de mayores controles.
Precisamente la falta de información, el desorden administrativo y el monopolio de información constituyen materia prima de primera calidad para el delito de la corrupción.
El ambiente legal es otro punto clave en el atolladero en el que se encuentra nuestro país; la estructura jurídica cimentada bajo un pacto político debe pertenecer al pasado para que su funcionalidad no sea puesta en dudas. Estos cambios son imprescindibles para avanzar con pasos firmes.
Nicaragua es un país muy rentable, lo único que las ganancias se las quedan unos pocos: los corruptos.