Roqueros, hijos de famosos

Alejandro y Luis Enrique– Alejandro Mejía: “No quiero cobijarme bajo la sombra de la fama de mi familia”.– Luis Enrique Mejía: “Si él quiere hacer de la música su vida, tendrá que comprometerse con eso”. Caracterizado por su larga cabellera de cuatro años, Alejandro Carlos Mejía Lara, de 31 años, un joven de aspecto sencillo, […]

Alejandro y Luis Enrique
– Alejandro Mejía:
“No quiero cobijarme bajo la sombra de la fama de mi familia”.
– Luis Enrique Mejía: “Si él quiere hacer de la música su vida, tendrá que comprometerse con eso”.

Caracterizado por su larga cabellera de cuatro años, Alejandro Carlos Mejía Lara, de 31 años, un joven de aspecto sencillo, posee dos grandes tesoros, su padre Luis Enrique Mejía Godoy, y una de las mejores voces en el rock nicaragüense.

Según dice, no es un rock de vagos, sino de protesta contra los violadores de los Derechos Humanos. No se considera un rebelde, sino una persona que desea expresar lo que siente y lo que piensa, así lo confirma su padre. “Lo hace por una necesidad de expresarse y por amor al arte”, dice Luis Enrique muy orgulloso de su hijo.

Roquero hasta los huesos, no deja de pensar en la libertad, en las letras de sus canciones, que si bien recuerdan una de las más sonadas fue “Nica en Costa Rica”, inspirada en vivencias propias durante su residencia en Costa Rica en sus años de infancia, y grabada junto al grupo musical CPU, banda a la que actualmente pertenece.

“Después que grabamos esa canción, vimos la reacción de las personas, y fue que comenzamos a componer música de protesta en contra de los que violan los Derechos Humanos”.

Lo cierto es que su padre, Luis Enrique, nada tiene que ver con el género de música que prefiere su hijo, pero existe entre él y su hijo un margen de respeto hacia los gustos. “Si tocar rock es lo que le gusta, yo lo respeto y lo apoyo. Lo único que le aconsejo es que reafirme su identidad, que con lo que hace no deje de ser nunca nicaragüense, y no importa si hace rock, jazz, música de la costa o música experimental. Si él quiere hacer de la música su vida, tendrá que comprometerse con eso”.

Y como a muchos la fama los desvía de su realidad, el joven músico piensa que no cabe dentro de este gremio, pues cantar y tocar es lo único que quiere.

“No quiero que la gente me reconozca como el hijo de Luis Enrique Mejía, sino como el talentoso Alejandro Mejía. No quiero cobijarme bajo la sombra de la fama de mi familia”, comenta Mejía Lara, mientras su padre reafirma su posición. “Que mantenga la humildad ante el triunfo y que acepte los fracasos”.

El joven quiere ser un gran compositor y cantante y la suerte está de su lado, pues cuenta no sólo con el apoyo de su público sino con la ayuda incondicional de su padre que le ha abierto las puertas tanto moral como económicamente para desarrollar su pasión, la música.

“Al igual que nuestros padres nos dieron el apoyo nosotros le damos apoyo a nuestros hijos. También mi apoyo económico, aquí tiene esta casa (La Casa de los Mejía Godoy), para que aquí se desarrolle, se impulse, pero que también reciba sus críticas”, afirma Luis Enrique.

Los dos Ricardo
– Ricardo Wheelock Junior:
“La música va a ser mi forma de vida, quiero ser productor musical, para apoyar sobre todo a músicos jóvenes”.
– Ricardo Wheelock: “No difiero de lo que le gusta a mi hijo. Cuando estaba en el vientre de su madre, yo ponía música clásica en la barriga para que escuchara”.

Hacer música para Ricardo Wheelock Junior siempre fue un sueño y una meta por realizar. Desde los quince años se inicio tocando cover en grupos con una formación musical muy informal, pues aprendió a tocar guitarra y teclado con sólo escuchar.

Sin embargo, las circunstancias lo alejaron por un tiempo de la música, ya que decidió ir a estudiar ingeniería a Guadalajara, México, lugar donde confirmó su verdadera vocación. Hoy se destaca como un excelente guitarrista en Groovynol, uno de los grupos de música techno más populares en Nicaragua.

“Cuando estaba estudiando ingeniería, realmente no sabía cuál era mi vocación, pero me di cuenta que dedicándome a la música era una forma en que podía servir a mi país”, expresa Wheelock.

El talentoso joven, hijo de la destacada periodista chilena Mónica Zalaquet y el coronel Ricardo Wheelock, un alto militar en Nicaragua, confiesa no sentirse aferrado a la fama por sus raíces paternas, sino más bien aferrado al sueño de ser un gran productor musical, por lo cual tiene pensado viajar a España para estudiar un master en esta disciplina.

“La música va a ser mi forma de vida, quiero ser productor musical, pero para apoyar sobre todo a músicos jóvenes. Me meto a esto porque me considero un músico con talento y he hecho mis propias composiciones”.

Aunque su hijo prefirió vivir lejos de rigurosos entrenamientos militares, el coronel Ricardo Wheelock apoya firmemente la decisión y el giro que prefiere tomar su hijo en el arte musical. Es más, confiesa que a su edad es un hombre que tiene una parte de su vida frustrada, pues ser músico es algo que hubiese querido.

“No difiero de lo que le gusta a mi hijo. Cuando estaba en el vientre de su madre, yo ponía música clásica en la barriga para que escuchara. A nuestros hijos siempre le hemos dado una libertad para que sean lo que ellos quieren ser. Me siento absoluta y totalmente orgulloso que sea músico y yo siempre quiero lo que él quiera”.

Moisés y Carlos
– Moisés Gadea:
“Además de ser un buen músico, quiero ser un chef de cocina”.
– Carlos Gadea: “Él es una persona independiente y en sus decisiones no intervengo”.

Considera que su talento fue influenciado por su prima Norma Elena Gadea y heredado de su difunta hermana, quien tocaba muy bien el piano y junto a quien pasaba largos ratos escuchándola entonar hermosas notas musicales. Posterior a la muerte de su hermana, a los 13 años, Moisés Gadea, hijo del señor Carlos Gadea Mantilla, socio de Radio Corporación junto a su hermano Fabio Gadea Mantilla y compañía limitada, decidió tocar con una guitarra que había estado abandonada por un buen tiempo en casa.

Gracias a la comprensión de sus padres, Gadea logró aprender a ejecutar el instrumento, instruido por el que considera su gran maestro, el señor Pepe Duarte, quien le enseñó a tocar música clásica. “No aprendí en un conservatorio, sino que mi maestro fue Pepe Duarte”, comenta el joven músico, mientras su padre dice sentirse orgulloso por el gran talento que su hijo ejerce, “contará siempre con mi aprobación”.

Con su talento, entrega y empeño para con la música, Gadea ha realizado giras internacionales con el grupo musical Perro Sompopo, sobre todo a España. Además que dentro de sus sueños quiere estudiar música en Europa, y lo más curioso es que desea ser un chef de primera. “Además de ser un buen músico, quiero ser un chef de cocina”.

En este sentido su padre comenta: “Quiero que mi hijo sea un profesional”.

“A mi papá le gustaría que yo estudiara algo más y me dice que no me quede sólo con la música. Bueno, entonces voy a estudiar arte culinario, y él ya sabe que estoy definido, pero nunca me lo ha reprochado”, dice Moisés.

Considerado por su padre como una persona independiente y muy capaz de desenvolverse por sí mismo, Gadea vive aparte, costea sus propios estudios secundarios y lucha por ser reconocido como un gran músico.

“Él es una persona independiente y en sus decisiones no intervengo”, dice su papá, pues Moisés trabaja como disk jockey en la discoteca Rumba, y en mayo cantará como invitado especial un tema de su propia inspiración en el Festival “Nicaragua le canta a los niños del Mundo”, a llevarse a cabo en el Hotel Holiday Inn.

Ramón y Francisco Luis
– Ramón Mejía:
“Me siento orgulloso de mi familia, pero no me interesa mucho la fama sino lo que canto y lo que quiero expresar a través de la música”.
– Francisco Luis Mejía: “Trato de aconsejarlo sin presionarlo. No le digo que las cosas son así, porque pienso que así son, sino que participo en la música que ellos hacen o le doy algunas guías para que logren mayor calidad”.

Proveniente de una familia de músicos talentosos Ramón Mejía, de 30 años, no ha dejado a un lado la humildad, pero también el sentir orgullo de sus raíces, ni de sus influencias musicales por parte de su papá Francisco Luis Mejía, mejor conocido en el ámbito musical como “Chico Luis”, de su hermano el salsero Luis Enrique Mejía López, y de sus tíos Luis Enrique y Carlos Mejía Godoy.

“Por supuesto que me siento orgulloso de mi familia, pero no me interesa mucho la fama sino lo que canto y lo que quiero expresar a través de la música”, confiesa.

Su papá comenta al respecto: “Creo que el talento y la influencia de mi familia fueron dos cosas que se combinaron a la vez en mi hijo. Ambas suman lo que Ramón es”.

En cuanto a su relación con su hermano Luis Enrique, manifiesta que es muy buena, pero que nunca ha sido determinante para su carrera.

“Si la gente quiere reconocerme como hermano de Luis Enrique, es problema de ellos, yo sigo siendo el mismo. Por otra parte, admiro a mi hermano por su conocimiento en cuanto a información musical, su seriedad y profesionalismo. No pretendo alcanzar la fama por nuestro parentesco”.

Al igual que su padre y hermano, sabe tocar percusión, aunque su instrumento favorito es la guitarra, a la que se ha dedicado desde muy joven, sumado a la preparación académica que actualmente lleva a cabo en la UCA, donde cursa estudios en sociología. Carrera de la cual su padre se siente muy orgulloso.

Sus investigaciones monográficas serán sobre la música de la Costa Atlántica, y para ello recibirá el apoyo de su progenitor. “Lo voy a respaldar en lo que quiere ser. Incluso para conseguir el subsidio necesario para poder trasladarlo hacia allá, para que concluya su carrera con éxito”, dijo Chico Luis.

Actualmente es el vocalista de la banda “Perro Sompopo”, aunque sus inicios se dieron con Simetra, grupo de cantautores al que perteneció donde tomó experiencia de Elsa Basil, Julio Escobar, Richard Loza, Edgar Morin, entre otros.

Don Chico Luis recuerda que en una ocasión su hijo le pidió que le regalara una guitarra, a lo que él accedió, después de pedirle que le demostrara que realmente quería ser un buen músico. “En una oportunidad me dijo: ‘Papá quiero que me regalés una guitarra para aprender a tocarla’. Y luego me demostró que esa era su verdadera vocación. Trato de aconsejarlo sin presionarlo. No le digo que las cosas son así, porque pienso que así son, sino que participo en la música que ellos hacen o le doy algunas guías para que logren mayor calidad, ser bueno y optar a la excelencia. Y tanto Ramón como los primos, han demostrado que sí quieren desarrollarse y ser buenos músicos”.

Bikentios y Vicente
– Bikentios Chávez:
“Él me compraba los palillos para tocar mi instrumento favorito, la batería”.
– Vicente Chávez: “Desde siempre percibí madera de músico en mi hijo”.

Bikentios relata con mucho orgullo que fue su papá quien le enseñó a tocar la batería cuando casi cumplía los seis años. “Él me compraba los palillos para tocar mi instrumento favorito, la batería, me mostraba todo el apoyo que podía brindarme”.

Por su parte, su padre Vicente Chávez, abogado y contralor suplente, recuerda complacido que sólo enseñó a su hijo a ejecutar cuatro ritmos en la batería, “y luego éste quedó como programado, después de esos cuatro ritmos, la música ha sido su vida”.

“Divino Orgasmo”, éste era el nombre de una banda musical en la cual Vicente Chávez disertaba al tocar la batería. Lo que Chávez nunca pensó, es que después de haber dejado la música e ir a formar parte de la guerrilla, su hijo, Bikentios, nacería con notas instrumentales en las venas. “Los juguetes favoritos eran las tapaderas de las cazuelas, le encantaba ese sonido”, rememora.

Bikentios integró por primera vez una banda cuando tan sólo tenía 11 años, ésta se llamaba Osiris, y recuerda con mucho cariño el incondicional apoyo de su familia, muy en especial el de Vicente, su padre.

Luego se presentó el proyecto de Stop, un año después formó parte de CPU, y ahora con Groovynol, cuya especialidad es la creación de música electrónica. “Y allí siempre ha estado mi padre, dándome ánimos”, dice.

La idea de Chávez era que su hijo paralelamente a su pasión por la música, también forjara una carrera universitaria, pues la música en el país es subvalorada, y así como el talento del pequeño prometía un futuro también existía la tendencia a no surgir y quedar sin fama y sin estudios profesionales.

Por ello ingresó a la Universidad del Valle con el ánimo de ser un ingeniero en Sistemas, “pero me aburrí”, dice sonriendo, “no era mi onda, y la verdad es que no me nace estudiar algo que se desligue de lo musical”, y se decidió por ingresar a la UNAN, donde cursa Educación Musical.

Por supuesto, su papá estaba molesto pero, “terminé convencido, no es bueno un profesional frustrado”, además, “soy amante de la música, es algo que nos une, que compartimos”, agrega.

Sus padres insisten en que visione su futuro, pero Bikentios asegura que por ahora se preocupa por aprovechar lo que el presente le ha ofrecido. Ya vendrá la oportunidad de estudiar ingeniería de sonido en el extranjero.

“Aunque somos poco comunicativos, nos decimos lo necesario, todo en pocas palabras, tengo una relación muy cercana”, asegura al referirse del nivel de comunicación existente entre él y su padre.

Luis Carlos y Carlos
– Luis Carlos Mejía:
“El público es muy exigente y si no ven la aptitud en uno, simplemente te descalifican”.
– Carlos Mejía: “La música está en la sangre, como fuente el corazón, no somos músicos por accidente, es una actividad auténtica”.

Cuando Flavio Galo, compositor nicaragüense, ahora fallecido, le recomendó a don Carlos Mejía Godoy que lo inscribiera en cursos de marimbas, porque éste “tenía por donde”, la madre de Luis Carlos ya lo presentía.

Cuba, Japón, España, Panamá, son países que ha visitado en el mundo, transmitiendo música. Marimba, conga, guitarra y ahora piano, instrumentos musicales que ejecuta sin complicación, en definitiva un Mejía más.

Carlos Mejía Godoy, relata que él y sus hermanos decidieron dedicarse a la música en los años cuarenta, donde lo académico era ante todo, pero aún así, venciendo las dificultades pudieron lograr su sueño. “La suerte de mis hijos es que ahora tienen una enseñanza de la música más profesional. La vocación artística, como una actitud digna ante la vida por la cual estamos orgullosos”.

“La música está en la sangre, como fuente el corazón, no somos músicos por accidente, es una actividad auténtica”, dice.

Cuando preguntamos a Luis Carlos, si en algún momento ha pensado que muchos de sus logros se deban al importante apellido que lleva o si está consciente de su talento, éste con mucha seguridad alegó que “el público es muy exigente, y si no ven la aptitud en uno, simplemente te descalifican”. No estar mucho tiempo con su padre es parte del sacrificio que se sufre al ser hijo de un personaje tan famoso, pero se compensa en el orgullo que los Mejía dan a Nicaragua. “Me llevo muy bien con él a pesar que nos veamos sólo los fines de semana”.

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