Silvio Echaverry Briceño
Muchas opiniones han sido emitidas en cuanto a la problemática cafetalera, generada por la caída de los precios del café. Hay coincidencia en lo relacionado al financiamiento inadecuado, se señalan también factores de índole técnica, climática y otros, insinuándose incluso la necesidad de sustituir este cultivo por otro más atractivo, cuya rentabilidad sea más sostenible.
Respetando los criterios emitidos, creo necesario externar algunas reflexiones, orientadas a promover la restauración de los cafetales tradicionales, bajo sombra, en los cuales abundaban los árboles energéticos, maderables, frutales y para otros usos. Estos ecosistemas cafetaleros tradicionales, por presentar características de bosques, albergaban una variada gama de vida silvestre como garrobos, palomas, guatusas etc…. Entiendo que algunos países como El Salvador han clasificado como bosques muchos de sus cafetales tradicionales.
Investigaciones realizadas en varios países productores de café, incluyendo Nicaragua, han arrojado resultados muy halagadores en cuanto a la capacidad que tienen los ecosistemas cafetaleros para fijar carbono, alcanzando rangos hasta alrededor de 100 tm (cien toneladas métricas) por hectárea. Otros estudios han demostrado que, aparte de las especies nativas, un alto porcentaje de las aves migratorias de Norteamérica anidan en los ecosistemas cafetaleros de Centroamérica.
El ecosistema tradicional cafetalero era un complejo multiproductivo que, además de producir café, producía leña, madera para muebles y construcción, naranjas, limones, mangos, mameyes, guanábanas, zapotes, nísperos y tutti cuanti, proveyendo también un hábitat adecuado para aves migratorias y nativas, al igual que para otra variedad de vida silvestre, amén de su capacidad para fijar carbono y liberar oxígeno.
Considero, en mi humilde opinión, que la destrucción de muchos ecosistemas cafetaleros fue causada, en gran parte, por dos importantes causas, y al expresarlas no pretendo señalar culpables, no deseo referirme al “Cantante”, sino a la “Canción”:
Primero, el Plan Conarca, iniciado como una estrategia para erradicar la “Roya” del cafeto, fue orientado a la eliminación de los árboles de sombra, ya que el “temible” hongo se desarrollaba mejor bajo esas condiciones. Luego se constató que era posible convivir con la “Roya”, pero se continuó con la eliminación de la sombra, esta vez con el pretexto de tecnificar la caficultura para aumentar su productividad, lo que incrementó los costos del cultivo, creando una alta dependencia en los agroquímicos, cuyo indiscriminado uso generó graves problemas de contaminación.
Segundo, una reforma agraria, tal vez bien intencionada, para proporcionar tierras a los campesinos, muchos de ellos sin una cultura cafetalera, sin capacitación ni medios económicos suficientes, quienes, sin ninguna culpa, continuaron tumbando árboles de sombra en los cafetales, con el propósito de usarlos para sembrar los cultivos a los cuales estaban acostumbrados, tales como sorgo, maíz, frijol, incluso pastos, obteniendo además, por la venta de los árboles tumbados, un ingreso inmediato para subsanar algunas de sus necesidades prioritarias. Cabe mencionar que algunos de los beneficiados por la Reforma Agraria, ni eran campesinos ni tenían necesidad del ingreso generado por la tumba de árboles.
Creo que es necesario restaurar los ecosistemas cafetaleros destruidos, programas como el POSAF, u otros parecidos, orientados a restaurar nuestros bosques, deberían ampliarse a las zonas cafetaleras del país, proporcionando a los caficultores, con fondos no reembolsables, los insumos necesarios para restaurar los ecosistemas cafetaleros, sobre todo en aquellas zonas del país donde han sido más destruidos.
Existen otras perspectivas halagadoras, que pueden hacer más atractiva la caficultura, tales como la venta de “Servicios Ambientales”, tema que está en el tapete de las discusiones mundiales. A nivel regional Nicaragua forma parte del Corredor Biológico Mesoamericano, donde se pretende unir las áreas protegidas del sur de México y Centroamérica, mediante corredores donde están ubicadas muchas de las zonas cafetaleras del país, las cuales pueden beneficiarse con tratamientos preferenciales.
Organizaciones mundiales amantes de la Avifauna, interesadas en la restauración y conservación de los ecosistemas cafetaleros, son poderosas y con medios financieros abundantes, como prueba de ello me permito señalar que en septiembre de 1996, en el Centro Smithsoniano de Aves Migratorias de Washington DC, se llevó a cabo el Primer Congreso sobre Caficultura Sostenible, donde participaron productores, tostadores y otras personas interesadas en el tema, dentro de las cuales hubo una buena representación de los países latinoamericanos. La Conferencia fue patrocinada por varias organizaciones relacionadas con la industria del café, y los recursos naturales y el medio ambiente, y, repito, organizaciones amantes de las aves, cuyo interés en los ecosistemas cafetaleros tradicionales ya fue señalado.
La multiproductividad de los ecosistemas cafetaleros ha sido probada, como también ha sido probado lo negativo de su destrucción. Es una necesidad patriótica no escatimar esfuerzos para restaurarlos. Espero que en conjunto con las nuevas autoridades aceptemos ese reto y juntos nos entreguemos a buscar los medios para llevar a cabo tan importante y necesaria tarea.
El autor es profesor emérito de la Universidad Nacional Agraria UNA
Delegado Marena/Carazo