Las doce del día. La playa es bañada por el inclemente Sol de verano. Miles de turistas olvidan por un momento sus problemas económicos para disfrutar al máximo el contacto con la naturaleza. El ambiente está lleno de música, risa y diversión.
Un joven nada un poco más allá que el resto de la gente. El estado alcohólico en que se encuentra lo hace sentirse Johny Wesmuller y rehúsa los consejos de su familia de buscar la orilla. En la costa, un socorrista lo observa atentamente desde la torre de control.
Cinco minutos más tarde tres silbatazos alertan a los socorristas que alguien se está ahogando. Dos salvavidas, uno de ellos sujetando una boya, corren a rescatar al temerario nadador. El rescate es difícil debido a la devoción del muchacho por el dios Baco. Finalmente es llevado a la orilla, donde un tumulto de personas se ha reunido para presenciar en “palco” el rescate.
Mientras le aplican respiración boca a boca al muchacho, sobran los que “sugieren” (y en muchos casos “ordenan”), la manera en que se deben aplicar los primeros auxilios. Tras un par de minutos el joven se recupera y el licor ya se ha ido al quinto infierno, mira a sus familiares y para tranquilizarlos les promete algo que ni él mismo se lo cree: “nunca más me voy a meter tan adentro del mar”.
Es el primer rescate que los socorristas de la Cruz Roja han realizado en el día, pero lo más probable es que no sea el último, debido a la imprudencia de muchos bañistas.
El día se ha partido por la mitad. El primer grupo de salvavidas se dirige a almorzar. Tienen 45 minutos para hacerlo, pero nunca se toman todo el tiempo para no desproteger a los visitantes.
Un consejo muy importante para quienes no pueden nadar: verifiquen la profundidad del lugar.
Jornada diaria
La jornada para los socorristas comienza con los primeros rayos del Sol. A las 5:30 a.m. están todos en pie para realizar la primera “entrada” al mar, lo cual consiste en nadar dos kilómetros mar adentro y luego regresar. “Calistenia” asegura Norman Ernesto Mora, de 23 años, y jefe departamental de rescate de la Cruz Roja Nicaragüense.
Norman asegura que salvar una vida lo hace sentir muy bien y que cuando no se logra rescatar con vida a una persona, les queda una sensación muy fuerte, pero también la satisfacción de hacer todo lo humanamente posible por salvarlo.
A las siete desayunan y una hora más tarde se encuentran tendidos sobre la costa en espera de cualquier emergencia. El número de socorristas que se colocan en un punto varía de 3 a 4 dependiendo de la peligrosidad de la zona. Éstos cubren un espacio de cien metros a su izquierda y cien metros a su derecha.
“Cuando ocurre un rescate, los socorristas se mueven para no desproteger el área donde se está realizando el rescate”, asegura Mora, quien ingresó a la benemérita institución tras escuchar hace diez años al presidente de la Cruz Roja Juventud, quien visitó su colegio.
A las diez de la mañana, cuando el Sol ya empieza a mostrarnos su poder. Es la hora del refrigerio. (El otro es a las tres de la tarde) Un sándwich y una gaseosa es disfrutado por los socorristas en medio de un intenso calor. Platican un poco y luego regresan de nuevo a sus puestos.
En el camino aconsejan a una señora para que no permita bañarse solo a su pequeño hijo de cinco años. “Se debe tener mucho cuidado con los niños”, afirma Mora. “Hay que recordar que los salvavidas no sólo realizamos el trabajo de rescate, sino también el de prevención”, agrega.
Pero este trabajo de prevención muchas veces no es muy bien recibido por los veraneantes, quienes en algunas ocasiones agreden verbalmente a los voluntarios.
“Hay personas que nadan mar adentro y que han consumido licor, en estas situaciones lo que hacemos es nadar hasta donde se encuentran y aconsejarles que se salgan del agua, pero muchas veces se molestan. La policía muchas veces nos ayuda con estos casos y los sacan del agua por su seguridad”, relata Marvin Antonio Niño, de 38 años, socorrista voluntario de Cruz Roja.
Final del día
La vigilancia que ofrecen estos “guardianes de la bahía” culmina en dependencia del número de personas que se encuentren en el balneario, pero generalmente termina entre las cinco y seis de la tarde.
Antes de marcharse comunican a las personas que aún se encuentran bañándose que “levantarán campo”. Cenan y algunos —con mucha energía aún— visitan una discoteca para divertirse un poco. Otros en cambio deciden descansar para reponer fuerzas.
“Eso sí, cuando salimos en la noche vamos un grupo, no andamos solos porque debemos cuidarnos”, apunta Norman. “Tenemos un Jefe de Playa, quien es el encargado de vigilar la disciplina, lo más tarde que debemos de acostarnos es a las diez de la noche y no debemos tomar licor”, apuntó.
Tras un largo y cansado día, los socorristas se acuestan para mañana iniciar nuevamente con su rutina y su pasión por servir a los demás.
Preparación de varios meses
Seis meses de arduo entrenamiento debe cursar el aspirante a socorrista. Recibir los cursos de Primeros Auxilios y Guarda Vida son requisito obligatorio para cumplir tal misión. El acondicionamiento físico, la seguridad acuática y el aprendizaje de primeros auxilios son las materias básicas.
Los requisitos para ser un socorrista voluntario son: ser mayor de 16 años, tener aprobado el tercer años de secundaria, récord policial, certificado de salud, partida de nacimiento o fotocopia, y por supuesto: ¡participar en el curso!
Debido a que la gran mayoría de aspirantes a socorristas trabajan o estudian, los cursos se imparten de 4 a 6 de la mañana de martes a sábado en la Laguna de Xilóa.
Este año, los más de mil 100 voluntarios de la Cruz Roja de la Juventud, damas y socorristas con especialidades en primeros auxilios, rescate acuático, terrestre y buceo, han realizado prácticas permanentes desde el mes de enero.
La benemérita institución ha presupuestado —para la ejecución del Plan Playa 2002— un millón de córdobas, para la alimentación de los voluntarios durante la Semana Santa y para la compra del equipo personal de los socorristas como: calzonetas, camisetas, gorras, protectores solares, labiales, toallas, chinelas y colirios, siendo todo esto equipo indispensable para el personal cruzrojístico durante esta temporada.
También se comparará materiales como: gasas, pomadas para quemaduras, soluciones para lavar heridas, analgésicos, entre otros, para la atención de primeros auxilios a los veraneantes. Los socorristas de Cruz Roja brindarán servicio en 93 balnearios del país.
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