El cuarentón y el sesentón

Alfredo Huete Armijo Felicito al Dr. León Núñez por su artículo del 14 de marzo, sobre “Edad Biológica y Cronológica”, pero siento que haya dejado de escribir como analista político de Acoyapa. Me alegra que ahora sea miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA. Como gerontólogo que soy, aprovecho la oportunidad para hacer algunos comentarios […]

Alfredo Huete Armijo

Felicito al Dr. León Núñez por su artículo del 14 de marzo, sobre “Edad Biológica y Cronológica”, pero siento que haya dejado de escribir como analista político de Acoyapa. Me alegra que ahora sea miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.

Como gerontólogo que soy, aprovecho la oportunidad para hacer algunos comentarios estimulantes al escritor, y contribuir a hacer conciencia de la “vejez”. Nosotros los médicos tampoco estamos satisfechos con el apelativo de “tercera edad”, “edad de oro”, “adulto mayor” etc. Habrá de llegar el momento de aceptar con orgullo y satisfacción el término “Viejo”.

El Dr. Humberto López, rector de a Universidad Nicaragüense de la Tercera Edad y directivo de la organización HELP-AGE International, opina que “Viejo” es el nominativo más representativo de este grupo etario, para los que hemos llegado a los 60 o más años llenos de vitalidad, salud y capacidad. En Estados Unidos se aplica el apelativo “viejo” de los 60 a 75 años y “viejo, viejo…” de los 75 en adelante, y sólo al viejo incapacitado y enclenque correspondería el título de “anciano o decrépito”.

Hay otras dos denominaciones que podrían corresponder a las que el Dr. Núñez menciona: “edad aparente” y “edad real”. La edad aparente sería la edad biológica y la edad real, la cronológica.

Un famoso beisbolista de grandes ligas hizo la pregunta valiosa sobre este tema: “¿Si Ud. nunca hubiera sido informado, ni por sus progenitores, parientes y compañeros, de su fecha de nacimiento, qué edad creería Ud. que tiene? La respuesta es: “la edad que yo siento”.

Cuántos compañeros nuestros a quienes hemos dejado de ver y los hemos olvidado, puedan sentirse menores que nosotros y actuar como tales, llenos de vigor y salud, sin que nadie pueda identificarlos.

Por de pronto, yo desearía que modifiquemos nuestros prejuicios. A mí no me gustaría volver a ser un hombre de 30 años. Sería un retroceso y tendría que recorrer el mismo camino nuevamente y tal vez con nuevos y peores riesgos. Conformémonos con el saludo de nuestros amigos, después de años de ausencia: ¡Qué bien te veo! Y recordar que el “cuarentón” de hoy, es el “sesentón” de hace 20 años.  

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