Wilfred Wilson Byers
Como ciudadano de la Costa Atlántica estoy cansado de los concejales costeños. Ellos son una piñata heredada del sandinismo y el pueblo está harto del aprovechamiento de estos malos hijos costeños.
En verdaderas francachelas, prebendas, viajes, préstamos, fiestas y demás vicios, estos concejales se reúnen una vez al mes, y hay veces se reúnen cada 3 meses, cuando ganan como mínimo ocho mil córdobas al mes, y un maestro trabajando día completo, gana un octavo de este salario.
Tienen pasajes aéreos asignados que muchas veces regalan a amigos para viajar donde les da la gana, además de viáticos, dietas, créditos que nunca pagan. Hay algunos partidos que se venden a ver qué prebendas van a darles de manera personal, y se sientan por años sólo a levantar la mano y decir sí, como su amo les ha ordenado.
Esta corrupción que el pueblo visibiliza día a día, es la razón principal de la abstención en la Costa Atlántica. Con los sueldos de 45 concejales en cuatro años, se hubieran pavimentado las calles de Bluefields, electrificando las comunidades, rehabilitando escuelas y centros de salud.
El grito costeño es que no haya más concejales. No hacen nada y son una carga para esta región.