Armando Castellón Padilla
La ganadería, como toda industria, tiene una base fundamental que es la materia prima, en este caso son los terneros y la leche, podría decirse entonces, que el principio fundamental de esta actividad es la crianza. Si esto es así, tenemos que cuidar e incentivar este sector de la ganadería.
Por tanto, los incentivos para un criador son: el deseo de aumentar su ganadería, que sus vacas den más leche, que sus terneros pesen más y así produzcan más carne, pero sobre todo ganar más dinero.
En relación con esto, me atrevo a decir que en nuestro país no hemos tenido el buen tacto de aplicar esta fórmula. Si mi memoria no me traiciona, desde los años 70, cuando empecé a trabajar como profesional de este rubro, el mayor beneficio lo han obtenido los intermediarios y los que industrializan el producto final: los repastadores y mataderos.
En el caso de los terneros, comprendo el deseo de proteger nuestra industria y entiendo que existe un valor agregado que hay que cuidar, pero hay que incentivar al criador, y la mejor forma es tener la conciencia de que el kilogramo de ternero cuesta 1.5 veces más que el novillo.
¿Por qué? Muy sencillo, porque la crianza es lo más difícil de esta actividad: el criador carga en sus hombros una gran responsabilidad; si es eficiente la cadena de la industria, entonces resulta beneficiosa, pero, en nuestro país, el kilo de peso del ternero (animal menor de 300 kilos) vale menos que el kilogramo de novillo (arriba de 400 kilos).
Si aumentamos el valor del ternero, entonces los criadores se preocuparían por producir animales de mejor calidad; habría entonces mayor reproducción del hato, y, de esta forma, la ganadería nunca se quedaría sin terneros, al contrario, aumentarían los criadores y ofertarían terneros de 180 a 220 kilogramos, pero a 1.5 dólares americanos el kilo de peso. Hagamos la prueba, otros países ya lo hicieron.
Médico Veterinario.