Horacio J. Somarriba [email protected]
Las palabras “prevención de desastres” las encontramos con mayor frecuencia en el ambiente sociopolítico nacional, adquiriendo paulatinamente un significado para el quehacer cotidiano del país. Sin embargo, muchos de nosotros las entendemos como el hecho de estar preparados ante desastres, dejando a un lado asuntos vitales, como la reducción de las causas de la vulnerabilidad (debilidades, ausencia o baja capacidad para emprender un desarrollo sostenible) que son la razón principal de los desastres y no los mismos fenómenos naturales o provocados que cíclicamente vienen ocurriendo en Nicaragua.
La preparación ante desastres y la reducción de vulnerabilidades enmarcan la así llamada “gestión del riesgo”, la cual la integran otras actividades como la atención de desastres, rehabilitación, reconstrucción después del desastre y la mitigación de vulnerabilidades.
Los eventos desastrosos de los últimos años en Nicaragua (inundaciones, deslizamientos, hambruna, sequías, crisis cafetalera y en las municipalidades, etc.) han dejado una gran lección en cuanto a la relación directa entre niveles de desarrollo y ocurrencia de desastres. De ahí el interés en lograr el desarrollo desde abajo, desde las comunidades de los municipios orientado a la reducción de vulnerabilidades.
Las experiencias que se están desarrollando en país (Centro Humboldt en ocho municipios de Nicaragua) nos dicen que la gestión del riesgo es una acción (un cuestionamiento de los modelos) del desarrollo que debe ser asumida por distintos actores del mismo, en desacuerdo del entendimiento tradicional, que es una labor sólo de especialistas.
La gestión del riesgo en los municipios se está definiendo, por la práctica, como la alianza entre actores, lo que supone una visión compartida (sueños y aspiraciones) del desarrollo de su comunidad, su municipio dentro de 10-15 años. Esta premisa bendice el actuar en conjunto de pobladores de comunidades, autoridades municipales, entidades estatales y no gubernamentales en el municipio.
La articulación entre estos actores en la preparación, atención ante desastres, rehabilitación y la reconstrucción orientada hacia nuevos modelos de desarrollo (reducción de vulnerabilidades), es decir la gestión del riesgo, desde el municipio es un gran reto a vencer.
Por esto último, agentes del desarrollo como los técnicos de las municipalidades, entidades estatales y sobre todo no gubernamentales, son claves para este reto, dado que éstos son el puente de comunicación entre alcaldes, concejos municipales y líderes comunales para el esclarecimiento de aspectos técnicos de la gestión del riesgo que demanda la planificación del desarrollo en el municipio, asunto importante y ajeno a las ansiedades político-partidarias en cada uno de estos actores en referencia (es una de las vulnerabilidades a vencer).
En fin, la coordinación interinstitucional para la reducción de las vulnerabilidades demanda del fortalecimiento del trabajo de estos técnicos, en el sentido amplio de la palabra. Cualquier alianza debe entenderse no sólo como conveniencia de intereses particulares, sino los de todos; y una acción sin motivos partidarios hacia las alianzas para la prevención de desastres en el municipio, es el trabajo coordinado y en conjunto de los técnicos en mención hacia los líderes comunitarios y autoridades municipales.
Dar oportunidad (de parte de los tomadores de decisión) para iniciar estas acciones del desarrollo (la gestión del riesgo a través de las alianzas) desembocan en una práctica que se institucionalizará en la vida del municipio, es decir gozará de la aprobación y legitimación de otros actores claves del municipio y sobre todo los predispone para que sigan el ejemplo.
El autor es sociólogo ambiental del Centro Humboldt.