Tito Rondó[email protected]
El domingo 19 de noviembre de 1972 amaneció caluroso, pero no importaba. Nicaragua tenía su primer día de descanso durante el Mundial.
Fue en los primeros días, no recuerdo cuál, cuando se dio un incidente negativo e impresionante.
Una de las grandes innovaciones de Carlos García fue ofrecer los abonos para el Mundial, es decir, el mismo asiento reservado para todos los juegos, pagado en cuotas. Al final le entregaban a uno un librito con todos los boletos. En realidad, fue algo excelente, pero que probó ser demasiado adelantado para Nicaragua.
Otra innovación fue utilizar acomodadoras para llevar a los aficionados a sus sillas; una idea muy bonita pero que combinada con la anterior resultó ser una fórmula explosiva.
Ese era el tipo de ideas de Carlos en ese entonces; también había designado a “batgirls”, muchachas cargabates, para darle un toque femenino a esa gran festividad que sería la Serie Mundial. Por cierto que dos de ellas eran Cynthia y Rosa María Porras, guapas y destacadas atletas.
Pero volviendo a las acomodadoras, he aquí el desastre. Durante el primer partido de Nicaragua en Managua llegó un aficionado con su esposa y dos hijos a ocupar los asientos que había pagado.
La acomodadora lo llevó, y descubrió que en esos lugares estaba sentado un pequeño grupo, entre ellos un oficial de la Guardia Nacional. La muchacha creyó que había alguna confusión, y con mucha amabilidad le pidió sus boletos al militar para ver dónde era en realidad que tenía que sentarse.
El oficial la miró con ira, medio desenfundó su pistola, y dijo: “Éstos son mis boletos, ¿los querés ver?”
La muchacha se alejó llorando, asustada. Empezó el desastre. Los aficionados se quitaban las sillas entre sí, y muchos fanáticos acababan de pie en los pasillos.
Carlos García llegó como en el tercer inning y algunos aficionados lo notaron, y volteándose hacia donde él empezaron a gritar: “¡Ladrón! ¡Ladrón!”. Miles de frustradas gargantas a coro. Jamás olvidaré a Carlos pálido, de pie y aguantando los gritos. No tenía nada que decir, no podía hacer nada.
Otra protesta, pero no oficial, vendría de León, donde a las diez de la mañana se habían enfrentado el trabuco japonés y los noveles chinos de Taiwán.
Para sorpresa general, Chen Hsiu-Hsiung venció en gran duelo de 1-0, gracias a una carrera sucia, al veloz Kojiro Ikegaya, futuro ganador de 20 juegos.
Trascendió que los japoneses no comprendían que pudiera haber un torneo con juegos nocturnos y en el que también se jugara en la mañana.
Cuba aplastó a Costa Rica 19-1 (sin jonrones) en Granada mientras Estados Unidos vencía a Puerto Rico con score de 7-1. Brasil blanqueó a Guatemala 3-0, Canadá se impuso ante Panamá 4-1, y Honduras le ganó a Alemania 8-1.
Wilfredo Sánchez era líder anotador, Armando Capiró impulsador (ambos de Cuba), y Calixto Vargas colíder en imparables. Nadie tenía más de un cuadrangular.
En la tabla de líderes de bateo se atisba lo que sería después una gran controversia: como primero aparece Lázaro Pérez a quien le falta una fracción de aparición al plato para tener los turnos oficiales suficientes.
En segundo lugar estaba Calixto Vargas. Calixto eventualmente sería golpeado por un lanzamiento y le faltaría una fracción de aparición para ser el campeón bate del torneo.
Se le adjudicó a Masaru Oba.
Nicaragua, Estados Unidos (ambos 4-0) y Cuba (3-0) comandaban la tabla, y Costa Rica, Italia y Alemania ocupaban el sótano (0-4).