Corrupción y máxima publicidad

Rafael Córdova Álvarez

La preocupación de un estado moderno debe ser asegurar la mayor transparencia y moralidad al poder, que desafortunadamente tiene como no deseable e inevitable acompañante a la corrupción. Los investigadores y especialistas en corrupción han postulado una medicina que aunque no es curativa contra la corrupción es la que mejores resultados ha dado y se trata de: “máxima publicidad”, la publicidad normativa no sólo en el sentido formal, sino extendiéndola a todos los actos de los gobernantes y opiniones de los gobernados. Un buen ejemplo de esto lo contempla la actual Ley de Contrataciones del Estado, que manda a publicar los requerimientos de insumos en los periódicos de circulación nacional, esperando que también publiquen en el mismo formato quienes ganaron las licitaciones de dichos rubros de conformidad con la ley, otorgando gran transparencia a la nueva Administración.

Estos días en que hemos estado denunciando y pidiendo rendición de cuentas a los funcionarios públicos salientes, algunos ciudadanos me preguntan si vale la pena nuestra denuncia, ya que la corrupción es tan antigua como el gobierno mismo, lo cual es cierto, pero esta antigüedad no debe llevarnos a renunciar a los esfuerzos por reducirla, como tampoco desistimos en la lucha contra las enfermedades como el cáncer, que sabemos que estará siempre entre nosotros.

Es verdad que la lucha por la democracia de este pueblo no ha sido fácil, dictaduras y guerras civiles marcan nuestras vidas personales, nuestra historia, sin embargo, a pesar del último gobierno considero que hemos avanzado hacia la democracia, y nunca debemos ceder a la tentación de escapar a los problemas más difíciles con el fácil pretexto de que no hay nada que hacer. Recordemos que a nosotros también nos van a pedir cuentas, aunque no seamos funcionarios públicos, cuando lleguemos a donde nuestro Creador.

En consecuencia, debemos aportar toda nuestra voluntad y energía, para poner de relieve los roles de las instituciones estatales involucradas en la lucha contra la corrupción y reclamar el apoyo popular, siempre puro, para sostener con firmeza la batalla de todos los días contra este flagelo temible y multiforme. Pero esta lucha para que las instituciones estatales encargadas hagan su trabajo no acabará con la corrupción tampoco; ni la cárcel de los corruptos, ni la publicidad máxima, ni la tipificación de los delitos podrá erradicar este terrible mal. La corrupción sólo será derrotada con un auténtico convencimiento interno individual, con la modificación de las convicciones morales, hoy afectadas por la reverencia que la tabla de valores prevalecientes otorga al dinero, en contraste con el menosprecio que se siente por las virtudes no económicas y que este gobierno recién finalizado se encargó de despreciar, con la forma de conducirse en la vida privada y pública de estos funcionarios que hicieron derroche del dinero del Estado en contraposición al hambre del pueblo, al que estaban supuestos a ayudar.

El autor es abogado.  

Editorial
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