Edgar A. Castillo
LA PRENSA cumplió 76 años el recién pasado 2 de marzo. Durante este tiempo ha estado ubicada en tres lugares: De 1926 a 1931, media cuadra arriba del costado norte del Palacio Nacional; de 1932 a 1972 en la Calle El Triunfo, donde permaneció hasta el terremoto de 1972; y desde 1973 en el kilómetro 4 1/2 de la carretera norte.
Al fallecer, en 1952, el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, asumió la dirección de LA PRENSA su hijo Pedro Joaquín, quien en 1948 vino de México donde recibió su título de abogado y adquirió profundos conocimientos de periodismo.
Él fue quien renovó la empresa periodística en todo sentido y trajo nuevos equipos para fotograbados, maquinarias modernas para imprimir el Diario. También empleó a nuevo personal capacitado para la redacción, sin importarle su ideología, lo mismo hizo en los demás departamentos. El Dr. Chamorro le dio a LA PRENSA un nuevo giro, hizo un periódico más ágil, más noticioso, lo convirtió en el diario más combativo del país, denunciando y criticando todo lo que iba en contra del pueblo nicaragüense.
El Dr. Chamorro Cardenal fustigó a los tres Somoza: Anastasio padre, Luis y Anastasio hijo, quienes se creían dueños absolutos del país. La pluma vigorosa y valiente del Dr. Chamorro Cardenal puso al gobierno somocista contra la pared, por sus contundentes editoriales donde denunciaba la corrupción de los Somoza; el pueblo comenzó a quitarse el miedo. Por eso LA PRENSA sufrió cierres y el Dr. Chamorro Cardenal cárcel y destierro, y por decir la verdad en 1978 el Dr. Chamorro fue asesinado de manera vil y cobarde.
Luego vino el triunfo revolucionario. Había alegría en el pueblo porque el nuevo gobierno sandinista prometió respetar la libertad de expresión, pero esto no se cumplió. Y en una nota de LA PRENSA ante la OEA, en relación con un cierre arbitrario de LA PRENSA realizado por el gobierno sandinista, se expuso que el primer intento para destruir LA PRENSA fue en abril de 1980, a menos de un año del triunfo revolucionario. El FSLN instó al Sindicato de Trabajadores de LA PRENSA, propugnando por convertirla en “un diario totalmente sandinista”.
Más adelante, en esa misma nota se señala: “…como la Directiva, muchos redactores y empleados del Diario se negaron a acceder, los sandinistas con otra gran parte del personal, promovieron la fundación de ‘El Nuevo Diario’, pensando que LA PRENSA no iba a tener el apoyo popular y que iba a desaparecer”.
Recuerdo que al cumplirse un año de separación, que hubo con los que se fueron para El Nuevo Diario, escribí que “Los que nos quedamos en LA PRENSA lo hicimos por defender la libertad de expresión en nuestro país. Lo hicimos porque a LA PRENSA se le quería cambiar el rumbo; es decir, se le quería ocultar a nuestro pueblo los errores que cometieron las autoridades o funcionarios en el proceso revolucionario”.
Apunté en aquella oportunidad que hubo cantidad de material que se pudo haber publicado, y no se publicó, sobre personas que habían sido detenidas injustamente por un mal informe o enemistad personal de un vecino. Casos de familiares que después de agotar todos los medios posibles en las diferentes oficinas gubernamentales, y como no las atendían, decidían como último recurso ir a LA PRENSA para solicitar un espacio y pedir a los comandantes investigación y castigo para el o los culpables que habían asesinado a sangre fría a un joven ex combatiente del FSLN. Y así como esa noticia hubo muchas informaciones que no se publicaron por la censura que se había impuesto en esa ocasión.
LA PRENSA no podía continuar ocultando hechos que estaban perjudicando al proceso revolucionario y que eran cometidos por militares del FSLN.
Los que se fueron para El Nuevo Diario referían que esas cosas no se podían publicar porque aquí hubo una revolución. Pero nuestra obligación era dar a conocer los errores, señalarlos para que se corrigieran. Pero nada de este hubo.
LA PRENSA deseaba ayudar al proceso con las denuncias de las anomalías que cometían funcionarios del gobierno, para que fueran superadas, pero lo que vino fue una férrea censura, pues hasta cosas baldías suprimía la Dirección de Medios del MINT. Luego vino el cierre indefinido de LA PRENSA, que duró 18 meses, sólo por haber publicado a 8 columnas que el Congreso norteamericano había aprobado 100 millones de dólares para la Contra.
El autor es periodista.