Los hermanos “separados”

Eduado Enrí[email protected]

MIAMI.- Esta semana he estado en esta ciudad participando en un seminario, pero también he aprovechado para conversar con amigos y conocidos nicaragüenses que tienen muchos, o pocos, años de vivir aquí. He visto que la preocupación es la misma: se sienten ciudadanos de segunda clase, cuando piensan en su terruño. Y la verdad, tienen razón.

Las personas que han tenido que salir de Nicaragua y no sólo a esta ciudad, sino por todo el globo en los últimos 22 años, no lo han hecho por su gusto. Lo han hecho obligados por la situación política, la guerra o la situación económica. Ellos están “separados”, para usar un término que se usa más cuando se habla de la división entre católicos y protestantes, por las circunstancias.

Pero ellos, en relación con Nicaragua, ya no son simples desterrados que dejaron su tierra atrás y que no quieren saber nada de ella. Son más bien parte importante de nuestra vida y de nuestro país. Ellos representan millones de dólares en ingresos anuales para nuestra economía a través de remesas. Unos 600 ó 700 millones, según algunos cálculos.

Si a eso le agregamos los dólares que aportan cuando viajan a Nicaragua como turistas o como inversionistas, ese número podría llegar fácilmente a 800 ó 900 millones de dólares anuales. Prácticamente nuestros “hermanos separados” doblan nuestras exportaciones. O sea, son nuestros “hermanos ricos”.

Visto desde ese ángulo, es cuando menos una grosería la marginación en la que los hemos mantenido. Los nicas en el exterior se cuentan por cientos de miles, particularmente concentrados en Costa Rica o en las ciudades estadounidenses de Miami o Los Ángeles. Si tienen una participación tan activa en nuestra vida económica, ¿por qué no puede ser de la misma manera en la vida política?

¿Por qué en Nicaragua nosotros tenemos relegados a un segundo plano temas como el voto en el exterior? Y en esa misma línea, ¿por qué mantenemos en nuestra Constitución Política esa marginación de no permitirles aspirar a cargos de elección importantes, sólo porque una vez adoptaron otra nacionalidad?

Con esas actitudes no hacemos más que limitarnos en la posibilidad de aprovechar las experiencias que esos hermanos han ganado durante su vida lejos de Nicaragua.

Para ser completamente honestos, a inicios de los 90 —cuando aún vivía en Miami— yo pensaba que esas limitantes eran correctas, pero viendo el aporte que de hecho dan, y el potencial que estamos perdiendo, he tenido que cambiar de opinión.

Creo que éste es el momento de empezar a darles respuesta. La excusa de que el voto en el exterior, que está contemplado en la ley, no se puede implementar porque es muy caro, es simplemente eso: una excusa. Sabemos de sobra que cuando hay voluntad las cosas se logran.

Los hermanos de “La Diáspora”, como se han comenzado a llamar aquí, se han ganado el derecho a ser escuchados. No sólo se lo han ganado por el simple hecho de ser nicaragüenses, hayan adoptado otra nacionalidad o no, sino por lo que aportan y, sobre todo, por lo que tienen que ofrecer. Quitémonos la venda y abrámosles la puerta.  

Editorial
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