¿Cómo generar empleos?

Juan Fernando Ramírez A.* La generación de empleos es el objetivo primordial del nuevo gobierno electo con amplia mayoría el 4 de noviembre del 2001. Asimismo, ese objetivo era también promesa de campaña compartida por los otros contendientes electorales que constituyen la oposición, así como una prioridad nacional para toda la sociedad civil. La pregunta […]

Juan Fernando Ramírez A.*

La generación de empleos es el objetivo primordial del nuevo gobierno electo con amplia mayoría el 4 de noviembre del 2001. Asimismo, ese objetivo era también promesa de campaña compartida por los otros contendientes electorales que constituyen la oposición, así como una prioridad nacional para toda la sociedad civil. La pregunta fundamental es: ¿cómo generar empleos estables en un mundo globalizado donde hay que desarrollar ventajas competitivas sostenibles?

Primero hay que responder “quién” debe generar los empleos. Queda muy claro que le corresponde a la empresa privada nacional y extranjera crear esos nuevos puestos de trabajo a través de las diferentes actividades económicas. El Gobierno Central ya no puede ni debe utilizar el aparato estatal para crear empleos debido a que estaría agravando la crisis fiscal que se ha vuelto endémica. La carga fiscal sobrepasa el 30% del PIB, algo que la empresa privada ya no puede soportar.

El “cuándo” es muy obvio. Se requiere de acciones inmediatas que generen empleos a corto y mediano plazo. Por lo general, en las economías desarrolladas, los nuevos empleos provienen de nuevas empresas o del desarrollo de nuevos proyectos de expansión de las empresas existentes. Esa regla es la misma para países como el nuestro.

Todo este análisis nos lleva a ¿cómo generar los empleos? Aquí hay que hacer un alto y reflexionar con detenimiento. Hay corrientes de pensamiento económico que piensan que si se estabilizan todas las variable económicas, caerá del cielo la inversión nacional y extranjera y se logrará crear empleos. Aunque ésta es una condición necesaria no es suficiente. No en el nuevo mundo globalizado en que vivimos.

El país necesita tener una estrategia. La estrategia necesariamente implica escogencia. Escoger un rumbo determinado. Sin temor a equivocarnos y esperando tener más aciertos que fracasos debemos escoger las actividades empresariales donde pensamos que podremos tener más éxito compitiendo a nivel internacional. ¿En que industrias (actividades empresariales afines) podremos edificar ventajas competitivas sostenibles?

¿Pueden las empresas por sí solas desarrollar estas industrias competitivas en “clusters”? En Nicaragua, que tiene innumerables sesgos antiempresariales, como altos costos de energía, bajo nivel educativo, emigración constante, mala infraestructura, altos costo del capital, etc.; ha sido misión imposible para las industrias preservar esas ventajas competitivas. Hasta la caficultura, la actividad de mayor peso económico no pudo mantener su competitividad y sufre una crisis nunca antes vista.

¿Cuáles son esas industrias? ¿Cómo las vamos a identificar? No hay que complicarse mucho. Debemos comenzar con aquellas industrias que surgieron de la nada, sin asistencia ni ayuda lograron colocarse en un corto tiempo en una posición competitiva respetable aunque todavía no alcanzan el nivel “sostenible”. Ejemplo, la acuicultura, donde el camarón de cultivo en diez años llega a superar en exportaciones a las industrias tradicionales como el azúcar, la carne y el banano. Nicaragua cuenta con innumerables recursos acuáticos y esta actividad podría llegar a superar los niveles de exportación que otrora tuviera el algodón y el café. Acuicultura es camaricultura, crianza de peces como la tilapia y el pez gato, peces ornamentales, langostinos, etc. Hay otras actividades como el cultivo del maní que poco a poco van conformando un “cluster” que ya llega a los 50 millones de dólares (y otras nueces como el marañón). Otros serían incipientes, como los productos de madera procesada, la exportación de plantas ornamentales y flores, el turismo de aventura, etc.

He aquí donde el rol del Estado se vuelve imprescindible y la colaboración y coordinación de los sectores público y privado una condición sine qua non. Cuando tanto el sector privado como el público identifican una actividad como la acuicultura y enfocan todos los recursos disponibles (que son limitadísimos) se pueden hacer milagros. Se construyen carreteras para las zonas de mayor potencial como Puerto Morazán; se construyen letrinas y se implementan campañas educativas de sanidad en las zonas de los esteros, se electrifican áreas para facilitar la instalación de fábricas de hielo, se entrenan a trabajadores en control de oxígeno, medición de salinidades, PH, etc. en los INATEC; se invierten recursos en investigación y desarrollo con las universidades públicas y privadas y se difunden los conocimientos, etc. Si todo ese esfuerzo concentrado se realiza en una industria, se estaría alejándose de la fragilidad característica y afianzándose la competitividad sostenible. Este sector podría pasar de exportar 40 millones a 200 millones. Si pudiésemos identificar otros siete sectores adicionales y concentrarnos en ellos, tendríamos un barco de ocho motores sólidos y no unos cuantos remitos.

Habrá algunos puristas que piensan que no debemos “escoger” estas industrias ganadoras, ni concentrar nuestros esfuerzos públicos en ayudarles a las mismas a edificar ventajas competitivas sostenibles. No obstante, la historia económica de los países desarrollados y de los emergentes ha demostrado que esto precisamente es lo que han hecho. Podría acaso calcularse los miles de millones de dólares que las universidades norteamericanas públicas han invertido en investigación y desarrollo que utiliza la empresa privada. Y los recursos de los gobiernos estatales y el Departamento de Agricultura. Qué decir de todas las “ventajas de hospedaje” que edifican los condados estatales para atraer o “jalar” nuevas industrias, trabajando de la mano en comisiones “blue ribbon” público-privadas como por ejemplo el “Beacon Council” en Miami Dade. ¿Se hubiesen desarrollado el Silicon Valley o el North Carolina Research Triangle sin estos esfuerzos conjuntos? ¡Lo dudamos! Tampoco los famosos “tigres asiáticos” y países exitosos como Irlanda hubiesen podido desempeñarse tan asombrosamente sin esa combinación empresa privada-gobierno.

Pasando a nuestro país veamos el caso de la tilapia en el lago. Se arman dos bandos, unos opuestos a la contaminación percibidos por los otros como ecologistas que se oponen al progreso y los otros insensibles que sólo piensan en las ganancias. Nadie piensa en las soluciones. El Estado sólo sirve de árbitro y no da soluciones. Quién ha pensado en que se bombeen los sedimentos una vez a la semana a estanques tipo salinera donde se evapore el agua y quede un fertilizante orgánico riquísimo en nitratos. He aquí un pequeño ejemplo de cómo si todos, empresa privada, gobierno, ONG, universidades, le asignamos una prioridad al desarrollo de estos clusters y de encontrarle soluciones a los problemas que surjan, podremos edificar “ventajas de hospedaje” y atraer inversiones en sectores que como la tilapia y la acuacultura en general puedan desarrollar ventajas competitivas sostenibles en el mundo globalizado.

Estos sectores deben ser claramente identificados por nuestro sector privado y en conjunto con el gobierno y miembros de la sociedad civil conjugar esfuerzos conjuntos, elaborar planes específicos con matrices de acciones bien definidas. ¿Y cuál es el mecanismo institucional? Existe un Comité de Competitividad que no está orgánicamente ligado al engranaje institucional del sector privado. Se ha quedado como un mero ejercicio académico, que no ha logrado ni siquiera identificar los sectores con mayor potencial. Tampoco el gobierno le reconoce la importancia que merece, no es una prioridad nacional, por lo que carece de los instrumentos necesarios para realizar transformaciones que trasciendan.

Mientras tanto nuestra economía permanece con la dependencia en la ayuda externa y las remesas y su sector exportador se contrae. ¿De una vieja y flamante estrella nos convertiremos en un quasar y luego en un hoyo negro muy al estilo africano o afgano? Necesitamos de un esfuerzo combinado empresa privada-gobierno, remangamiento conjunto. Hay que definir una estrategia, escoger un rumbo y las actividades donde tendremos mayores posibilidades de competir a nivel internacional y concentrar todos nuestros esfuerzos coordinados y todos nuestros recursos en edificar conjuntamente esas ventajas competitivas. ¡Es peor morir inmóviles!

* El autor es Directivo del COSEP y APENN.  

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