- Alcaldía diriambina entregó terrenos a familias pobres, las que se encuentran felices por contar con un lugar donde vivir
- Los verdaderos dueños de las tierras demandaron a la comuna y acusan al alcalde de entregarlas en pago por favores políticos
Lucía Vargas C.CORRESPONSAL /DIRIAMBA
La entrega de tierras que la Alcaldía de Diriamba hizo a 300 familias pobres en el sector de Miramar, Casares, ha provocado una situación difícil para los involucrados. Mientras los beneficiados están contentos con su pedazo de tierra, personas que aseguran ser los verdaderos dueños del terreno demandan judicialmente a la comuna, y ésta prefiere no brindar declaraciones al respecto.
Vicente Lindo Díaz, en representación de Esmeralda Díaz de Lindo, su progenitora, dio curso a una demanda judicial contra la Alcaldía de Diriamba y sus representantes para que demuestren bajo qué asidero legal entregaron a otras personas dos terrenos de su propiedad, valorados por catastro en más de 239 mil córdobas cada uno, y ubicados en Lomas de Miramar, Casares.
El afectado, tras mostrar las escrituras que declaran como dueña a su señora madre, insistió en que este caso obedece a “favores políticos que el alcalde Manuel Cruz hizo con familias pobres para que le dieran el voto, aprovechando el hambre de la gente”.
Lindo aseguró que el año pasado familias de Diriamba, Jinotepe y Casares comenzaron a posesionarse de las tierras, e identificó a una señora de nombre Clarissa Sandino, como empleada de la comuna diriambina que anda haciendo el trabajo de campo y entregando los lotes.
Según lo planteó, el alcalde Cruz se comprometió a entregar esas tierras durante una reunión con los pobladores del sector. Lindo indicó que, igual que él hay otros dueños de lotes reclamando a la Alcaldía, ya que los invasores han quitado el alambrado y los postes que demarcaban los límites en cada terreno.
EN FUEGO CRUZADO
Jessenia Rodríguez García, una de las personas que ahora viven en el terreno disputado, afirmó que todas las familias que habitan ahí son apoyadas por la Alcaldía de Diriamba a través de una mujer llamada Clarissa Sandino.
Para ellos, Sandino es la buena samaritana que les concedió el derecho al pedazo de terreno, además de haberles solicitado 25 córdobas para fotocopiar los documentos para la escritura, la que estará a nombre de las mujeres.
El ahora barrio es llamado “Milagro de Dios,” nombre atribuido por los nuevos habitantes, que en su mayoría aseguran que antes carecían de un terreno para vivir.
Estas 300 familias están felices de haber encontrado un pedazo de tierra para vivir; sin embargo, los verdaderos dueños ya están reclamando a la Alcaldía de Diriamba por la entrega de éstas sin autorización, lo que ubica a las familias pobres en medio del conflicto.
Este martes, la juez de lo Civil de Diriamba, Marta Cruz Guadamuz, realizó una inspección ocular en el lugar y citó al alcalde Manuel Cruz y a Clarissa Sandino, pero según planteó Vicente Lindo, el edil se hizo presente.
Lindo informó que en lugar del alcalde, a la inspección se presentó un funcionario de la comuna acompañando a Sandino, pero éstos se presentaron hasta que él y la juez abandonaban el lugar. Según Lindo, Sandino negó que estuviera dando tierras a la gente, lo que fue desmentido por Paula García, originaria de Casares, quien la acusó de haberle dado un terreno a su hijo, el que luego se lo quitó para venderlo.
POBREZA EXTREMA
Bajo la sombra de una champa improvisada, hecha de ripios de madera, zinc viejo y plástico, inician su nuevo hogar Jessenia Rodríguez García, de 21 años, y el pescador Armando Gutiérrez Palacios. Ambos forman parte de unas 300 familias a quienes se les permitió un pedacito de tierra en el barrio Lomas de Miramar, ubicado en Casares.
Un cocinero apagado y sin señales de alimentos para el almuerzo sobresale al paso, y al usual saludo de “Buenas…”, Jessenia salió de entre las tiras de plástico seguida de dos niñas. La pobreza extrema reina entre sus pertenencias, y comenta que hasta que su marido regrese a las cuatro de la tarde sabrá si hay algo para el sustento.
La mujer comentó ser originaria de Tola, Rivas, desde donde llegó para unirse a un pescador de esta zona. Dijo que desde hace tres semanas viven en ese lugar, y aseguró que antes estuvieron posando y a veces hasta dormían bajo la panga con sus niñas.