Edgard Rodríguez C. edgard.rodríguez.laprensani.com
Una noche en la que Tony Gwynn enfrentaría a Rich Reuschell, de San Francisco, recordó todas las dificultades que había enfrentado a través de su carrera contra el regordete tirador de envíos perezosos, que a finales de los ochenta se había vuelto la cabeza visible del staff de los Gigantes.
Gwynn, descrito como científico del bateo, se preparó con anticipación. Tomó sus vídeos y, entre otras cosas, hizo un trabajo de edición. Unió uno tras otro, una y otra vez, los escasos hits que le había descargado a Reuschell, y de pronto, la seguidilla de exitosas conexiones era prolongada.
Al final de la noche, Gwynn había resumido una jornada realmente formidable, de 4-3… “Es más fácil llegar al terreno a repetir detalles que has fijado en tu mente”, explicaba el otrora cañonero de los Padres, quien alcanzó la excelencia con el bate en sus manos y va hacia Cooperstown.
Henry Roa no llega a esos niveles de sofisticación. No tiene las condiciones. Pero sabe aguzar su mente y su mecánica de ejecución. Quizá lo esencial para él es que ha aprendido a desarrollar adecuadamente su visualización, mientras persiste en acondicionar su físico y reducir defectos.
“Antes de entrar a la caja de bateo, imagino que estoy sacudiendo al pitcher. Nunca pienso que me ha dominado. Hasta cierto punto, creo que ahí está parte de mi éxito”, dice Roa, quien día a día parece listo para asombrarnos con su alta precisión, y muy a menudo lo consigue.
Roa entró al fin de semana contra el pitcheo del Bóer a la orilla de los 300 puntos, y terminó con .366, en una aceleración impresionante. Y ante la serpentina del Estelí se elevó aún más, a .413, después de conectar 4 hits en 5 turnos, en un alarde de efectividad. Simplemente imparable.
“Aquí el problema de buena parte de los bateadores es que llegan derrotados al home. Más que sus condiciones, lo que les afecta es su actitud. Dicen, hoy nos lanza Jairo Pineda y ese tira duro. Y al final, ves que nada pueden hacer contra él. Ese no es mi caso”, dice sin el leonés.
Aun sin recurrir a vídeos, Roa ajusta su mente. Esa es la clave. Si el bateador no está pensando bien, la mecánica importa un pito. Va a fallar.