Edgard Rodríguez C. edgard.rodríguez.laprensani.com
Dicen que hoy nombran Director de Deportes al Ing. Roberto Urroz. Ayer el hombre fuerte era el Lic. Jaime Arellano. Hace dos días era Urroz y un poco más atrás Arellano. Todo ha parecido un juego porque para el gobierno es más fácil escoger al ministro de la economía que al de deportes.
Y todo hace indicar, que no es exactamente porque deseen realizar una selección cuidadosa, sino porque “coincidentemente” ha habido otras tareas importantes en la agenda gubernamental. Para hoy, parece que habrá un bachecito en el tiempo y entonces se escogerá al de los deportes.
Ojalá esta tardanza en este nombramiento no sea la tónica con que la administración Bolaños vea al deporte. Estoy entre quienes tienen fe que habrá un cambio, con relación a la indiferencia de la que hemos sido testigos durante los pasados dos gobiernos. Jamás les importó el deporte.
Y fíjense bien, nadie está creyendo que la solución a tanta ruina en el deporte nacional, esté en saber de una buena vez, quién dirigirá el Instituto de Deportes. La solución está más allá. Está en la voluntad del gobierno por sobre todo, pero también en la actitud de todos los involucrados.
Pueden traer a Juan Antonio Samaranch o Joao Havelange y tampoco serían la solución con un presupuesto que a duras penas supera los 700,000 dólares, y con 28 federaciones sedientas de ayuda. Se necesita entonces, un gobierno interesado y consciente de la trascendencia del deporte.
¿Urroz o Arellano?.. Todos sabemos que hay mejores candidatos que ambos. Ninguno es como para decir este es el hombre correcto para el puesto. Pero ojalá, que el que sea escogido, resulte el más conveniente para beneficio de los mejores intereses del deporte, o lo que queda de éste.
César Luis Menotti, el reconocido entrenador argentino de fútbol, ha dicho que el deporte es lo más importante de lo menos importante. Desgraciadamente para nuestros atletas, el deporte ha sido en Nicaragua durante los últimos 10 años, lo menos importante de lo menos importante.
El gobierno actual tiene la oportunidad de corregir esa falla o al menos, sentar las bases para una verdadera transformación en medio de los escombros. Veremos qué ocurre.