El salario de los ministros

Humberto Belli [email protected]

¿Cuánto debe ganar un ministro? para contestar esta pregunta con propiedad conviene sondear primero la lógica que determina los sueldos en una economía libre. ¿Por qué la Coca Cola en vez de pagar un gerente de ocho mil dólares, no paga uno de mil, como hace la gasolinera de la esquina, y ahorra así siete mil mensuales?

La respuesta de los dueños de la empresa sería, probablemente, de que mal harían en tratar de ahorrarse siete mil dólares, si eso les va a exponer a contratar a una persona considerablemente menos calificada. Las ventas podrían hundírseles, los costos se podrían disparar, y al final la empresa podría entrar en bancarrota. El gerente caro, por otro lado, podría duplicarle las ventas, reducirle los costos y generar para los dueños utilidades que compensarían con mucho su salario. La gasolinera de la esquina posiblemente nos diría que con un gerente de mil les va bien, y que por más que dupliquen su salario no ven posible que su margen de utilidades se eleve en forma tal que compense ese incremento en su remuneración.

Vemos pues que un factor decisivo en los salarios que se ofertan a los gerentes es la expectativa de que su contribución a la empresa será mayor que su costo. El otro factor conexo es el tamaño de la empresa. La gasolinera de la esquina no está arriesgando el mismo capital que la Coca Cola. A más grande el capital invertido en la empresa hay más que perder y más que ganar. Por lo tanto las empresas más caras usan gerentes más caros.

Ahora bien, ¿en base a qué criterio puede decidir la junta directiva de una empresa, como Coca Cola, si ocho mil dólares son apropiados para su gerente? Aquí el indicador determinante es el valor de mercado del gerente en cuestión. Es decir, el salario que una persona con determinada preparación, experiencia y cualidades personales, suele percibir en la rama de actividad económica a la que pertenece la empresa. Posiblemente una de las informaciones más útiles sobre este particular será la historia salarial reciente del aspirante al cargo. Instituciones como AID, Banco Mundial y otras exigen muchas veces a sus nuevos consultores información sobre su salario más reciente. La remuneración ofrecida puede ser más alta que la histórica, pero normalmente no la excederá demasiado. Excepciones se dan cuando se ha producido una carestía aguda en la clase de habilidades que tiene el candidato, o cuando los empleadores perciben en el aspirante un potencial de crecimiento o rentabilidad que nadie había visto antes.

La lógica y mecanismos aquí descritos deberían tener plena aplicabilidad a los sueldos en el Estado. Es cierto que un ministerio no tiene como fin producir utilidades. Pero sí tiene como objetivo entregar a los ciudadanos servicios básicos de calidad en forma eficiente, o bien gestionar intereses nacionales o generar políticas específicas. ¿Qué tan competentes deben ser sus mandos? Si se analiza la trascendencia de las funciones asignadas a cada ministerio, así como el monto de los recursos que manejan y la complejidad de administrar los mismos, es fácil concluir que la mayoría de ellos ameritan gerentes o jefes similares a los que demandan las empresas privadas grandes. No es economía o ahorro buscar gerentes baratos para labores difíciles y de mucha trascendencia.

No todos los ministerios, sin embargo, entrañan los mismos desafíos. Sin menospreciar de ninguna forma la nobleza y trascendencia de distintas funciones, habría que admitir que hay retos públicos más pesados y delicados que otros y que por tanto requieren de mayores exigencias gerenciales. Por ejemplo, no es lo mismo manejar el patrimonio de las ruinas de León Viejo, o la conservación del Parque Nacional Masaya, que manejar el terriblemente complejo Ministerio de Salud. Cabría quizás, entonces, establecer distintas categorías de ministerios en función de la importancia, tamaño y complejidad de la cartera asumida. La tarea no es fácil y puede prestarse a clasificaciones arbitrarias o subjetivas. Pero conviene mucho hacerlo.

Luego cabría afinar el monto correspondiente al salario ministerial combinando el factor, categoría del ministerio, con el factor credenciales profesionales del ministro(a.) Aquí podrían jugar un papel importante los antecedentes laborales de quien vaya a ocupar el cargo. No debería ser indiferente en las remuneraciones ofrecidas haber ganado antes $15,000 que nunca haber pasado de $5,000.

Algunos sugieren que dado que somos un país muy pobre los salarios de los ministros deberían ser muy modestos. Los servidores públicos asumirían incluso un sacrificio de carácter patriótico, el cual podría ser asumido más probablemente por personas con rentas importantes, por retirados, o por personas con cargas financieras muy bajas. El problema es que precisamente, en un país pobre como Nicaragua, no existen suficientes recursos humanos de las mejores calificaciones en dichas categorías. Son pocos los profesionales o empresarios que trabajan por amor al arte y no por necesidad. Debemos pues ajustarnos a las realidades del mercado recordando que lo más importante no es que los ministros ganen poco sino que sean competentes y honrados. Si estos dos requisitos son observados el desempeño que brinden al país compensará con creces los salarios que se les paguen.

El autor es rector de Ave Maria College of the Americas.  

Editorial
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