Franklin Bordas [email protected]
Mr. G. H. Hepburn partió felizmente hacia los Estados Unidos en 1931 —explica en su informe La Noticia— … bueno, lo de felizmente no es literal, aunque se entiende, después de un año de haber dirigido la proyectada carretera al Atlántico, que era como un sueño, gastó US$300.00 mil dólares y de Tipitapa terminó en San Benito, por lo que no está de más, decir que se marchó feliz. Es imaginable, que si el ingeniero Hepburn hubiera continuado su trabajo, la carretera a El Rama —con optimismo—, habría concluido en 15 años, dijeron los pobladores.
Quince años para concluir esa carretera, sonaba a siglos; algo inadmisible para la ciudadanía de la época. Pero, treinta y cuatro años después, en 1965 faltaban aun 8.5 kilómetros para llegar a El Rama. De esa época a nuestros días, como un parto oxidado, salió una trocha conectando a Siuna, Bonanza y Puerto Cabezas. Y cada gobierno no cesa en su empeño de incluir esa promesa, la misma asfaltada carretera, que finalmente va saliendo de Boaco, aunque sin horizonte definido.
Aunque nada tiene que ver el ingeniero Hepburn y su carretera con la Ley de Autonomía de la Costa Atlántica, sí hay, un paralelismo en cuanto al tiempo; inmediatamente a su promulgación, esta ley se pensó sería debidamente reglamentada, pero han transcurrido hasta el 2002, casi 15 años y la reglamentación brilla por su ausencia.
¿Qué significa la autonomía? —no para la Costa, sino para el país…—, ¿qué misterio hay detrás de este afanoso y cerebral trabajo de cabildear en la Asamblea para que no se reglamente nunca?… Meses y años han transcurrido con este anteproyecto engavetado, y la respuesta de quienes deciden siempre ha sido: —“es muy posible que salga la próxima semana”.
La falta de reglamentación ha sido una permanente preocupación de la ciudadanía de ambas regiones, dado que la carencia de ésta permite a los gobiernos nacionales actuar con discrecionalidad y tomar decisiones de interés unilateral. Con recursos financieros de la Cooperación Sueca, y en la misma línea se reunieron en diciembre de 1997 las comisiones de Reglamentación para la Ley de Autonomía, en un importante esfuerzo para actualizar el proyecto de Reglamento de la Ley No. 28 presentada en 1993, la que subyace a la espera de un cambio de seña.
Hay “detalles” del anteproyecto de reglamentación que pueden considerarse a simple vista como enormes escollos para diversos grupos de interés. Por ejemplo, en el capítulo I, artículo 5, de las atribuciones de las regiones autónomas, acápite (c) dice: “Todo proyecto de inversión, concesión, contrato, licencia, y permiso que se programe desarrollar en las Regiones Autónomas, deberá ser aprobado, monitoreado y evaluado por el Consejo Regional Autónomo”.
“Definir e impulsar su propio modelo de desarrollo socioeconómico y cultural de acuerdo a su propia realidad y perspectiva…”, es parte del capitulo III, del anteproyecto, referido a la Administración de Programas Regionales. ¿Se tendrá que entrar a la moda de consensuarlo todo, y que el país completo rubrique su acuerdo en algo tan genuinamente propio?…
—“Nosotros, los costeños ¡claro!, estamos cansados de despedir barcos cargados de mariscos y de madera”— expresaba un visitante de Bilwi, mientras comía en un restaurante de Metrocentro. —“Hartos de sentarnos en los muelles, y fingir agradecimiento mientras despedimos nuestros recursos”— repitió. La población del Atlántico está exhausta de ser donante.
¿La próxima semana saldrá de las gavetas de algún diputado este importantísimo anteproyecto, para que finalmente se apruebe?… ¿o será la próxima semana?… ¿o la próxima semana?… ¿O será como la carretera de Mr. Hepburn, que al final le contaremos los 34 años, como si fuera una carretera para la Luna? ¿Cuándo será el final feliz, para la ya tan famosa Ley de Autonomía para la Costa Atlántica?
El autor es consultor y escritor costeño.