Ernesto Rivas Solí[email protected]
Conforme el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, una de las definiciones que se da al termino “borregos”: Persona que se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena. Y dicho esto podemos definir de la misma forma a los miembros de la bancada “liberal” atados por medio de prebendas y dinero a la voluntad de un hombre cuya sola visión de futuro es su propio destino de caudillo, a quien nadie se le puede oponer y menos imponer.
Todas las perspectivas en la agenda de Arnoldo Alemán están destinadas exclusivamente a satisfacer su propio ego, a demostrar que manda “desde abajo”, para demostrar que si entregó una banda presidencial a regañadientes, no entregó realmente el poder que cree y pretende perpetuar en la vida política de Nicaragua, sin importarle si sus proyectos benefician al pueblo que una vez lo eligió, y que hoy lo repudia por no haber cumplido las promesas que le hizo para llegar a la Presidencia.
Y no sólo se ha corrompido él mismo, sino que ha contaminado a todos los que se sometieron a su voluntad a cambio de migajas, y que sintiéndose obligados por favores recibidos, amenazan con minar al nuevo gobierno demócrata y transparente que proyecta el presidente Bolaños Geyer.
La ambición desmedida de un hombre que logró el poder y se aprovechó de su posición para su beneficio personal, no es nada nuevo. El poder es un imán que ata a los que ha tenido a su alrededor, los que acaban por autoeliminarse por la sed de poder nunca saciada. Los que han disfrutado de un poder desmedido no conciben perderlo, y funcionan dentro de un mundo distinto que desconoce la lógica, la inteligencia y la sabiduría. Entonces, la actitud de Alemán no nos extraña. Era lo que se esperaba le sucedería al dejar el solio Presidencial de la República. Ahora, para satisfacer su nostalgia, ha hecho hasta lo imposible hasta lograr llamarse una vez más “el presidente”, acarreando con el señuelo del dinero y las dádivas a los borregos que lo rodearon antes y lo siguen rodeando.
La actitud de él no es, pues, sorpresiva. Lo sorpresivo es que un grupo de individuos que ostentan al mote de “padres de la patria”, en vez de padres han perdido su derecho de ser hijos de esa Patria a la que tendrían la obligación de servir y no de servirse de ella. Hombres que han sacrificado su dignidad por un plato de lentejas, sin detenerse a pensar que el bienestar económico de que ahora disfrutan se les convertirá más adelante en agua, cuando el amo pierda la capacidad de alimentarlos o de mantenerlos hartos para comprar su lealtad.
Es una lástima que hombres a quienes el pueblo eligió para velar por sus intereses, no hagan más que ocuparse de los suyos propios. Perder la vergüenza en esa forma, implica legar un pasado bochornoso a sus descendientes. ¿Cómo explicarán a sus hijos y a sus nietos su actuación de hoy, cuando bien podrían dejarles un legado de honorabilidad y honradez?
Sin ánimo de critica, yo les sugiero que recapaciten. Que se pongan en paz con su conciencia y pidan disculpas a todos los nicaragüenses por haber tenido ese momento de debilidad.
Al recapacitar se darán cuenta de su propia importancia personal, de sus propios logros sin prebendas, de su calidad de hombres responsables que dejarán a sus hijos un legado de honradez y de rectitud, para lo cual es necesario que salgan de la sombra del paraguas pernicioso del aspirante a dictador, y prefieran recibir los rayos del sol del agradecimiento de su pueblo, de sus propias familias, que son parte de ese pueblo, que se sentirán orgullosas del patriarca familiar, quien, al fin, les permitirá alzar la frente con orgullo, sin tener que esconder los errores o los crímenes en que viven todos aquellos que medran a la sombra del árbol del Talibán.
El autor es periodista.