Noel Ramírez Sánchez
Siempre he creído que los recursos que se destinan a la educación no son un gasto, sino la mejor inversión que los pueblos pueden realizar. La educación es el mejor vehículo para promover el desarrollo humano a nivel personal y familiar. Por eso desde el Banco Central de Nicaragua siempre apoyé a los jóvenes nicaragüenses, sin distingos de colores políticos, que deseaban superarse a través de la educación, siempre que fueran excelentes estudiantes y provinieran de familias de bajos ingresos.
Ahora, como diputado ante la Asamblea Nacional, deseo compartir con el pueblo nicaragüense y especialmente con su juventud estudiosa, sus padres y profesores, mis consideraciones sobre el 6 por ciento. Éstas tienen como único objetivo promover la excelencia académica y la igualdad de oportunidades entre los jóvenes que constituyen nuestro principal patrimonio nacional.
En la actualidad, el pueblo nicaragüense otorga a las autoridades del CNU unos C$600.00 millones de córdobas, cada año, para apoyar la educación universitaria, lo cual es correcto y lo respaldo.
Sin embargo, deseo proponer las siguientes consideraciones para que sean debatidas con seriedad y respeto, por todos los sectores que conforman la sociedad nicaragüense, pero especialmente por nuestros jóvenes estudiantes, con el fin de fortalecer la excelencia académica y brindarle más y mejores oportunidades a los buenos estudiantes que provengan de familias con bajos ingresos. No olvidemos que nuestro objetivo con el 6 por ciento es precisamente ese: apoyar al estudiante.
La idea es muy sencilla. A mi juicio, el 6 por ciento debe ser entregado directamente a los estudiantes universitarios en forma de becas, sin interferir de forma alguna en la Autonomía Universitaria. Estas becas deberán ser otorgadas tomando en cuenta únicamente el rendimiento académico del estudiante y su situación económica, y que sea el mismo estudiante, quien decida qué quiere estudiar y en qué universidad nicaragüense desea hacerlo. Igual que un seguro médico, donde el paciente escoge, con los límites del seguro, en qué hospital y qué médico lo va a atender.
De esta forma, no sólo estamos democratizando el 6 por ciento, entregando la capacidad de decidir al beneficiario, es decir, al estudiante; sino que al mismo tiempo estamos promoviendo una sana competencia, lo cual redundará en beneficio de la excelencia académica, y, por lo tanto, de los estudiantes. Recordemos que la razón de ser de las universidades son los estudiantes y que sin estudiantes no existe la universidad.
He analizado este planteamiento por muchos años, y viniendo del mundo académico, no he encontrado un solo argumento en contra del mismo, ya que viene a beneficiar exclusivamente a aquellos a quienes queremos beneficiar: los buenos estudiantes provenientes de familias de bajos ingresos. Sin embargo, he creído necesario presentarlo al pueblo nicaragüense para que sea debatido ampliamente, con seriedad y respeto por todos los sectores involucrados, para que la decisión que tomemos como nación, sea la mejor.
Invito a la juventud nicaragüense —estudiantes universitarios y de secundaria de todo el país— a hacerme llegar sus opiniones a la Asamblea Nacional. De la misma forma invito a los líderes de opinión y a la población en general a expresar sus puntos de vista, y me comprometo a desarrollar un proceso de consulta con todos los sectores involucrados para enriquecer este planteamiento, cuyo único objetivo es fortalecer la excelencia académica, y, por lo tanto, beneficiar a nuestros estudiantes.
El autor es diputado liberal, ex presidente del Banco Central.