La inversión extranjera, gran oportunidad

Marco A. Valle Martí[email protected]

A raíz del foro de inversionistas celebrado recientemente, se escucha que nuestro país es el más seguro de Centroamérica. El presidente Bolaños, inversionistas extranjeros y empresarios nicaragüenses, han incorporado en su discurso el buen clima para la seguridad de las personas y los bienes, como una de las virtudes nacionales. Si esto es cierto, también lo es que no hay que confiarse y dormirse en los laureles, ya que la tendencia regional es al aumento de la criminalidad, lo mismo que a la reingeniería delincuencial “gerenciada” por el crimen organizado.

Efectivamente, la seguridad ciudadana, junto a la seguridad jurídica y la estabilidad política democrática son tres condiciones que se deben cumplir para atraer, mantener y ampliar la inversión extranjera. Pues bien, mucho hay que hacer para reforzar el trinomio, darle mayor transparencia a la administración de justicia al mismo tiempo que trabajar para que las reglas jurídicas del juego sean claras e invariables, avanzar en la gobernabilidad democrática, y fortalecer las instituciones involucradas directamente en la seguridad ciudadana.

Más aún, la inversión extranjera es la salida de cara al panorama de desempleo, pobreza, escasas oportunidades de encontrar trabajo productivo, y el aprovechamiento de la transición demográfica lenta que vivimos. Justamente, Nicaragua tiene una población donde el 72% tiene menos de 30 años, lo que conlleva un alto coeficiente de dependencia juvenil, escenario que se enmaraña cuando —con documentos oficiales— se observa que siendo joven el 36% de la población económicamente activa, alrededor del 50% entre 18 y 30 años se encuentra desempleado.

Siempre con datos oficiales, de los jóvenes comprendidos entre 15 y 25 años, un 74% vive en situación de pobreza y el 49% lo hace en situación de extrema pobreza, en tanto sólo el 38% tiene educación primaria, 36% educación secundaria, y apenas el 10% posee algún nivel de educación técnica y universitaria.

Como podemos ver, estamos en una situación de debilidad, pero que podemos transformar en fortaleza atrayendo la inversión extranjera. Mas, si perdemos la oportunidad nos vamos a pique, por ejemplo en seguridad ciudadana. Hoy la actual cohorte joven tiene un alto coeficiente de dependencia (alimentación, educación, salud, recreación, etc.), simultáneamente un buen porcentaje de adultos jóvenes quieren construir su vida independiente y difícilmente encuentran trabajo, mientras muchos adultos están desempleados, lo que implica insatisfacción de necesidades, problemas en el hogar, y búsqueda de medios para enfrentar la crisis familiar.

Esta situación es caldo de cultivo para el nacimiento de conductas delictivas. Paralelamente, la delincuencia nacional, y principalmente la transnacional, conocedora del mercado laboral y en búsqueda de mayores ganancias, está aprovechando estas circunstancias para incorporar a más jóvenes y adultos jóvenes en sus redes. El delito, su frecuencia y peligrosidad se están incrementando, con el correspondiente impacto negativo en la sociedad.

Por el contrario, si favorecemos la inversión extranjera, las familias ganan integralmente. Hay que aprovechar la oportunidad demográfica que empieza y se profundizará los próximos años y décadas, lo mismo que avanzar en el cumplimiento de las tres condiciones indispensables, y apoyar a fondo la educación y salud como acompañantes vitales de dicha inversión.

El autor es Consultor en Seguridad Pública.  

Editorial
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